
En las remotas montañas de Asia Central, una familia impulsa una rara variedad de estos animales. Entre tradición, cambio climático y economía rural, se convierten en emblema de identidad y futuro sostenible
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En Kara-Saz en Kirguistán, a más de 3.000 metros de altura, un rebaño de yaks blancos rompe con la imagen tradicional de estos bovinos de pelaje oscuro. La familia Akmatov lleva quince años criando esta singular variedad, resultado de una cuidadosa selección genética iniciada por el patriarca Tashtanbek. Hoy, tres generaciones conviven en una tarea que combina herencia cultural y adaptación a los desafíos climáticos.
Por Jesica Rizzo

