
En Mborine, un pequeño pueblo del norte de Senegal, mujeres tejen a mano canastas que se venden a precios exorbitantes en el extranjero, mientras ellas apenas cubren sus costos
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Cada tarde, bajo el sol del norte de Senegal, un grupo de mujeres del pueblo de Mborine se reúne en sus patios para entrelazar fibras y tradición. Con movimientos precisos, heredados de sus madres y abuelas, transforman juncos y tiras de plástico en coloridas canastas, símbolo de identidad cultural y resiliencia.
Por Enrique Villegas
