Un país en caída que ahoga su bonanza económica

Arturo Escarda
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5 de enero de 2014  

MOSCÚ.- El año pasado será recordado en Rusia como "el de las oportunidades perdidas", en el que la economía creció casi tres veces menos de lo previsto y que termina con el modelo social de la Rusia de Vladimir Putin, basado en subsidios para amplias capas de la población, en el centro del debate.

Ajeno al repicar de las campanas que ya avisaban de un cambio de ciclo en la segunda mitad de 2012, el gobierno ruso entró el año pasado con un más que optimista pronóstico de que la economía crecería un 3,7 %.

Con el paso de los meses, con cambio en el liderazgo del Ministerio de Economía incluido, el pronóstico fue rebajado primero al 2,4%, luego al 1,8%, y finalmente, ya al borde de diciembre, al 1,4 %.

En aquella fábula en la que dos ratones caen en un vaso de leche y mientras uno se ahoga el otro no deja de patalear hasta convertir el líquido en manteca y salvar así su vida, Rusia sería seguramente el roedor más desafortunado por perezoso y fatalista.

Ya no son sólo los analistas extranjeros los que recomiendan a Rusia reformas estructurales y diversificadoras, sino también la mayoría de los expertos propios, que lamentan la manifiesta incapacidad de políticos y empresas de aprovechar la todavía persistente bonanza en los mercados de la energía que exporta a media Europa.

Y mientras esa Europa ya da señales de recuperación, lograda en parte gracias a dolorosas, muy discutidas (y dudosas) reformas, Rusia no atisba ninguna mejoría para este año, algo que hace peligrar el frágil e ilusorio Estado social construido por Putin, gracias a la abundancia de los "petrodólares" en la última década larga.

El propio presidente y también su siempre débil y criticado delfín, el primer ministro Dimitri Medvedev, arengaban al comienzo del año pasado a sus ministros para que enderezaran el barco, creyendo aún posible superar la inercia negativa sin afrontar reformas impopulares, pero sobre todo repudiadas por el líder del Kremlin.

Reformas como las que defendía en su momento el ex ministro de Finanzas Alexei Kudrin, hoy convertido en una suerte de fusta para el jefe del gobierno, que aún siendo presidente, a fines de 2012, lo instó a dimitir de su cargo por criticar -entre otras cosas- las estratosféricas inversiones rusas en Defensa.

Al igual que la mayoría de los expertos económicos, Kudrin considera un despropósito el programa de rearme ruso, presupuestado en más de 700.000 millones de dólares, previsto para los próximos diez años.

Ya en abril pasado, el que fuera uno de los más estrechos colaboradores de Putin desde que éste llegara al poder hace 13 años, cargó con dureza contra el ejecutivo de Medvedev al comentar la ralentización de la economía, pero tampoco se olvidó de la política social impulsada por el presidente, basada en las subvenciones y el crecimiento de los salarios.

Pero Putin, que llegó al poder en un momento de caos y pobreza, sabe bien que la clave de su éxito es su aura de "presidente de los obreros y jubilados", como lo llamó sin tapujos una periodista de la televisión pública.

La buena marcha de la economía y la constante mejoría del nivel de vida de una importante parte de los rusos redujeron, por el momento, las demandas democratizadoras de la clase media que creció al calor de la prosperidad de las grandes ciudades.

El "presidente de los jubilados", que creó un régimen paternalista que subvenciona a muchos de sus votantes, aguanta bien las picaduras de los activistas de derechos humanos y sus protectores occidentales, pero lleva bastante peor las malas noticias económicas, porque la abundancia es el sustento de su poder.

Pasado el año de las oportunidades perdidas, el presidente parece haber asumido parte de los argumentos del ex ministro de Finanzas, como se pudo ver en su última reunión con los ministros de gobierno, cuando les señaló que la ralentización económica "se debe más a factores internos".

Pero, al mismo tiempo, y fiel a su política populista, Putin dejó claro que la mala coyuntura económica "no es excusa para plantear la revisión" de las costosísimas promesas sociales que él mismo realizó durante la campaña electoral de 2012, y que contemplan fuertes subas salariales y subsidios que muchos analistas consideraron que amenazaba la estabilidad presupuestaria.

La mayoría de los analistas rusos, entre ellos los de mayor prestigio, creen que la economía crecerá alrededor de un 1,4% este año, aunque los más pesimistas auguran incluso una recesión de hasta un 2%.

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