Un triunfo que surge de las vísceras

Berna González Harbour
Berna González Harbour MEDIO: El País
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25 de junio de 2016  

MADRID.- Entre el corazón y la cabeza, no triunfó el uno ni la otra, sino las tripas: las tripas, la visceralidad contra el extranjero, contra una inmigración explotada en argumentos de grave semejanza con el fascismo y contra una Europa continental más identificada con la normativa para empaquetar plátanos que con la riqueza que nos trajo.

Triunfaron las vísceras frente a todas las razones, y el resultado nos recuerda una lección que creíamos aprendida: no se puede gobernar de espaldas a los sentimientos de los ciudadanos, pero es peligroso gobernar con ellos como bandera porque pueden hacer daño. Los líderes británicos y europeos no fueron capaces de mantener el apoyo de sus ciudadanos a los pasos acordados en Bruselas, y otros aprovecharon para sacar un rédito de ello.

Los primeros avisos llegaron en los referéndums para aprobar el proyecto constitucional de la Unión Europea (UE), que naufragó en Francia y Holanda en 2005, cuando se extendió el temor al "plomero polaco".

Hoy, en este año en que constatamos el fracaso de los gobiernos ante los desafíos de la recesión, las alternativas que juegan con los sentimientos crecen con grandes dosis de peligro. El fenómeno Donald Trump y el auge del nacionalismo británico antieuropeo comparten factores de riesgo en ese arte de jugar con los sentimientos de la gente: tanto Trump como los líderes del Brexit azuzan el odio al de fuera, la preponderancia nacional, y lo hacen con argumentos de exageración.

El nacionalismo vuelve de la mano de Trump y el Brexit y se une a un tiempo de populismos donde opciones como el Frente Nacional ya son favoritas para muchos jóvenes de Francia y otros grupos xenófobos se abren paso en Austria, Holanda o Finlandia. La política está en crisis. La ira, el odio y el nacionalismo no son los mejores motores para construir un proyecto digno de país, pero funcionan. Urge que los partidos proyecten iniciativas que mejoren la vida de los ciudadanos, y que lo hagan con ellos, porque gobernar de espaldas a la voluntad de la opinión pública es el camino para que esa voluntad nos dé la sorpresa. Se llama liderazgo.

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