
Una lucha por un futuro de paz y prosperidad en el 35° aniversario de la independencia
La columna de Yurii Klymenko, embajador de Ucrania ante la República Argentina
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El 24 de agosto es para los ucranianos mucho más que una fecha en el calendario. Es el día en que celebramos nuestra independencia, nuestra libertad y el derecho de nuestro pueblo a decidir su propio futuro.
Este año conmemoramos el 35º aniversario de la restauración de la independencia de Ucrania, proclamada por la Verkhovna Rada de Ucrania el 24 de agosto de 1991. Aquel día marcó un momento decisivo de nuestra historia y abrió una nueva etapa en la construcción de un Estado ucraniano independiente.
Pero, para nosotros, 1991 no fue el comienzo de nuestra historia como Estado. Fue la restauración de una tradición de estatalidad que se remonta a muchos siglos atrás y que generaciones de ucranianos lucharon por preservar.
Por eso, al conmemorar este año el 35º aniversario de la aprobación del Acta de Independencia, no solo recordamos aquel 24 de agosto de 1991, sino también todas las etapas que lo precedieron.
El 22 de enero de 1918, la Rada Central Ucraniana proclamó la independencia de la República Popular Ucraniana. Aquel Estado ya contaba con los principales elementos de una estatalidad moderna: un territorio delimitado, instituciones propias, un ejército, un sistema monetario, una lengua oficial y relaciones diplomáticas con otros Estados.
Pero sus raíces son aún más profundas: se remontan a la Rus de Kyiv, a la formación de nuestra lengua y de nuestra identidad, a símbolos como el Tridente y a la hryvnia, cuyo origen también se encuentra en aquella época. Incluso el nombre “Ucrania” aparece documentado ya en 1187. Así, la restauración de nuestra independencia en 1991 no fue un hecho aislado, sino la continuación de una larga historia de estatalidad ucraniana.
La decisión del pueblo ucraniano de recuperar su independencia desempeñó un papel decisivo en el colapso de la Unión Soviética y en la liquidación definitiva del imperio totalitario comunista.
Hoy, la Rusia imperial intenta nuevamente apoderarse de Ucrania, librando contra nuestro país una cruel guerra de agresión que los ucranianos consideramos una Guerra de Independencia.
Es una guerra existencial, en la que está en juego no solo nuestro territorio, sino también el derecho de Ucrania a existir como Estado soberano y el derecho de los ucranianos a preservar su identidad nacional.
Más de cuatro años y medio después del inicio de la invasión rusa a gran escala, Rusia sigue negándose a detener su agresión y continúa intensificándola. Incapaz de alcanzar sus objetivos en el campo de batalla, intenta quebrar la resistencia del pueblo ucraniano mediante el terror sistemático contra la población civil: destruye viviendas, hospitales, escuelas e instalaciones energéticas y ataca nuestro patrimonio cultural. El uso masivo de misiles y drones contra los civiles ucranianos se ha convertido también en uno de los instrumentos de esta estrategia de terror.
La noche del 20 de agosto volvió a demostrarlo. Kiev sufrió un ataque aéreo masivo con decenas de misiles balísticos y de crucero, así como más de un centenar y medio de drones. Al menos 16 personas murieron y unas 40 resultaron heridas. Fueron dañados edificios residenciales, hospitales, una escuela, instalaciones industriales y comercios. También fueron atacadas otras regiones de Ucrania, incluida Odesa, donde drones rusos alcanzaron un paso fronterizo con Moldova.
El expansionismo imperial ruso no se limita a Ucrania. Mientras nuestro país está en la primera línea de defensa frente al imperialismo ruso, Moscú también está poniendo a prueba la determinación de la OTAN y sus socios al violar la soberanía de los estados vecinos y extender deliberadamente los riesgos que plantea la guerra que desató mucho más allá de Ucrania. La guerra contra Ucrania no es, por tanto, un desafío exclusivamente ucraniano. La seguridad de Ucrania forma parte de la seguridad de Europa.
Mientras nuestros defensores siguen conteniendo la ofensiva rusa, también desplegamos nuestros esfuerzos diplomáticos para poner fin cuanto antes a esta guerra imperialista. Dada la persistente negativa del dictador ruso a poner fin a su agresión, necesitamos aún más acciones concretas de la comunidad internacional: mantener y aumentar la presión mediante sanciones para socavar la capacidad de Rusia de producir instrumentos de terror, profundizar la cooperación con Ucrania para fortalecer sus capacidades militares, en particular mediante el suministro de medios de defensa antiaérea, y garantizar que los responsables de los crímenes cometidos rindan cuentas.
Contamos con nuestros socios y agradecemos profundamente a quienes continúan apoyando a Ucrania.
Valoramos la decisión de Argentina de sumarse a la Coalición Internacional para el Retorno de los Niños Ucranianos desplazados forzosamente por los agresores rusos.
Agradecemos a la Argentina por su apoyo a nuestras iniciativas en las Naciones Unidas y en otras organizaciones internacionales destinadas a poner fin a la agresión rusa, alcanzar una paz justa y duradera y asegurar la reconstrucción de Ucrania. Esperamos que su respaldo se traduzca cada vez más en acciones concretas. Asimismo, confiamos en que pueda concretarse próximamente la visita del Presidente Javier Milei a Ucrania, por invitación del presidente Volodimir Zelensky.
A pesar de todos los horrores de la guerra rusa, Ucrania no solo continúa resistiendo firmemente al agresor, sino que también sigue avanzando decididamente en sus reformas en todos los ámbitos. Trabajamos incansablemente para acercar a Ucrania a los estándares de la Unión Europea y de la OTAN y creemos firmemente en un futuro de paz y prosperidad para nuestro país, plenamente integrado en las estructuras europeas y euroatlánticas.
El autor es embajador de Ucrania en la República Argentina
