Una violencia coordinada y programada, distinta a todo lo visto hasta ahora

Silvia Pisani
Silvia Pisani LA NACION
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8 de julio de 2016  • 08:32

WASHINGTON.- La matanza de policías de Dallas ocurrida esta madrugada aún se investiga. Pero de una cosa hay certeza: lo ocurrido es diferente de todas las protestas contra violencia policial y suma evidencias inquietantes de coordinación, capacitación y poder de fuego de los matadores.

Estados Unidos sufre a menudo hechos de violencia con armas de fuego. Pero eso fue distinto a todo lo visto en los últimos años. Fue un ataque coordinado, con enorme capacidad de fuego y llevado a cabo por francotiradores entrenados que eligieron a policías como blanco.

"Es una pesadilla horrible...un espantoso despertar", repetían las cadenas de radio. "Esto es terror".

Está confirmado que cinco policías murieron por disparos de bala, que otros seis están heridos, y que hubo dos civiles lesionados. Se sabe que hubo francotiradores camuflados entre lo que iban a ser pacífica protesta social contra la violencia policial.

Uno de los atacantes murió. Hay tres sospechosos detenidos, pero no hay certeza de que sean culpables. Y hay serias sospechas de que haya más gente implicada que aún no fue localizada. Dallas está bajo un impresionante operativo de seguridad.

La violencia fue tal que el presidente Barack Obama tuvo que comparecer de nuevo. Esta vez, desde Varsovia, donde asiste a la cumbre de la OTAN.

Condenó el presidente el ataque "salvaje, calculado y despreciable" contra las fuerzas del orden, a la vez que admitió que "aún no se conocen todos los hechos". Es la peor matanza de policías desde los ataques del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas.

En las primeras horas de la mañana se trataba, sobre todo, de perfilar la agresión en la que se confirmaron elementos de coordinación y capacidad propios de ataques programados. Una de las hipótesis apuntaba a un sesgo terrorista, pero no hay certeza.

"Uno de los que disparaba tenía tanta munición que literalmente se le caía de los bolsillos", dijo uno de los testigos en referencia al francotirador muerto.

Al despuntar el día, todo eran llamados a la calma para evitar que la ira social -primero por los ataques raciales y luego, por el ataque coordinado contra policías- se propagara.

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