Con el encanto de Michelle Pfeiffer

La actriz volvió a la pantalla luego de tres años, con este film de Amy Heckerling
Fernando López
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3 de enero de 2008  

El novio de mi madre (I Could Never Be Your Woman, EE.UU./2007, color; hablada en inglés). Dirección: Amy Heckerling. Con Michelle Pfeiffer, Paul Rudd, Jon Lovitz, Saoirse Ronan, Graham Norton, Henry Winkler, Tracey Ullman. Guión: Amy Heckerling. Fotografía: Brian Tufano. Música: Howard Shore. Edición: Kate Coggins. Presentada por CDI. Duración: 94 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: buena

Sólo la belleza y el encanto y perenne de la madura Michelle Pfeiffer y el simpático desparpajo de un Paul Rudd que conserva la frescura de la adolescencia alcanzan a darle algún atractivo a esta comedia liviana a la que Amy Heckerling no consigue dotar de unidad. La directora de Mira quien habla , Ni idea y Un perdedor con suerte (ésta, estrenada aquí directamente en video) apunta a un tema central -la ardua aceptación del paso de los años por parte de una guionista de TV especializada en programas para adolescentes y el inesperado soplo vivificador que el azar le proporciona al relacionarla con un actor bastante más joven-, pero lo dispersa entre observaciones irónicas sobre la intimidad de un estudio de Hollywood, las intrigas que allí se tejen, la relación con una hija que está a punto de abandonar las Barbies para cambiarlas por muñecos de carne y hueso, y una serie de personajes e hilos argumentales secundarios escasamente vinculados con la historia principal. Al final, la película parece menos una liviana comedia sentimental que una sucesión de sketches en los que la directora y guionista vuelca (y seguramente malgasta) sus observaciones ingeniosas y sus diálogos a veces filosos o por lo menos ocurrentes.

Muchas puntas

El film empieza de manera poco prometedora, con el rezongón discurso ecologista de una suerte de madre naturaleza que critica a los seres humanos desesperados por combatir el envejecimiento y les echa la culpa de muchos de los males del mundo, para reaparecer después -sólo visible para la protagonista- en función de conciencia vigilante, represora y siempre atenta a dar consejos dictados por la moral más convencional. Un personaje que resulta fastidioso antes que divertido, pese al buen oficio de Tracey Ullman.

Esta voz entrometida tendrá bastantes oportunidades de manifestarse cuando en la atractiva y madura guionista se reavive la llama del amor por causa de su último "descubrimiento", un muchacho que la seduce con su gracia, su espontaneidad y su desfachatez. Ahora, a los vaivenes de un trabajo para el que está quedando desactualizada, se suman los de un romance que no sólo titubea por sus inseguridades ante tamaña diferencia de edad, sino también por los ardides de un par de competidoras que le han echado el ojo al galán o simplemente actúan por pura envidia. Súmese a eso el deber materno; es necesario que la pobre mujer atienda los inaugurales escarceos amorosos de su hija, ya que el padre -de quien está separada- sólo aparece de vez en cuando con la sola intención de hacerse el gracioso y expropiar algo más del que fue su nido conyugal.

Pfeiffer estuvo años detrás de este proyecto; sólo pudo concretarlo en 2007 para poner fin a un retiro de tres años, pero el film ha tenido tantos problemas financieros y de distribución que aún no ha sido estrenado en los Estados Unidos. La actriz de Los fabulosos Baker Boys y La edad de la inocencia sigue sin tener la suerte que ha favorecido a otras estrellas con la mitad de su talento y de su belleza. Por fortuna, ni uno ni otra la han abandonado, de modo que su presencia, más los esporádicos chispazos de ingenio de Heckerling, la simpatía de Rudd y la desenvoltura de la pequeña Saoirse Ronan, alcanzan para hacer de esta comedia fallida un entretenimiento bastante aceptable.

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