David Niven, un caballero en Hollywood
Ya lo pensaba Ian Fleming: "David Niven es el único caballero de verdad que hay en Hollywood", lo dejó escrito en Sólo se vive dos veces , con lo cual el creador de 007 volvía a hacer pública su admiración por el actor de cuya muerte se cumplen hoy 25 años: en Al servicio secreto de su majestad , para señalar el carácter exclusivo de un centro de esquí al que llegaba Bond, mencionaba que uno de sus visitantes frecuentes era David Niven. Y más: si hubiera dependido de él habría sido Niven quien personificara en el cine a su criatura más famosa; era su imagen la que tenía presente cuando imaginaba las andanzas del agente secreto. Pero ese deseo apenas se concretó en 1967 y en clave de sátira, cuando el productor Charles K. Feldman concretó una muy libre, multiestelar y fallida versión de Casino Royale .
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Ya se sabe que la opinión de Fleming era compartida por muchos. Hasta por el personal del aeropuerto de Heathrow, que envió una corona a su funeral con una tarjeta que rezaba: "Al caballero más refinado que haya transitado jamás por estos salones: hacía que un portero se sintiera un rey".
Parecía destinado a encarnar al estilizado y perfecto aristócrata británico. Nacido en 1910, en Londres (y no en Kirriemuir, Escocia, como solía sostener), había seguido de joven los pasos de su padre, un militar que murió en los Dardanelos. Llegó a teniente sirviendo en distintos destinos de Gran Bretaña y Malta, pero ante la falta de perspectivas que veía en el ejército, decidió abandonarlo y probar suerte en los Estados Unidos. (Volvería cuando estalló la Segunda Guerra: fue el primero de los británicos de Hollywood que se alistó y regresó como coronel, colmado de honores.) En Hollywood, a mediados de los treinta, descubrió que Samuel Goldwyn era capaz de pagarle, y muy bien, para vestirlo con buena ropa y proponerle el juego de ponerse en la piel de otro. El oficio le encantó y desde entonces sólo se preocupó por mantener continuidad en el trabajo, lo que explica que haya aparecido en films de calidades muy dispares. "En lo que se refiere a las películas -decía-, sólo pregunto: ¿Dónde se va a hacer?, ¿Quiénes trabajan?, ¿Cuánto voy a cobrar? Si las respuestas son satisfactorias, pregunto de qué se trata, y si me gusta el tema, leo el guión." Y aunque era admirable en las comedias, también se lució en papeles dramáticos, como el de Mesas separadas, que le dio el Oscar al mejor actor en 1958.
En Hollywood y en su país, rodó unas cien películas, de El prisionero de Zenda , La luna es azul y Bonjour tristesse a Los cañones de Navarone , 55 días en Pekín o Muerte en el Nilo . Hoy, dos de sus films más recordados siguen siendo La vuelta al mundo en ochenta días , en la que encarnaba a Phileas Fogg, y La pantera rosa , en la que era el protagonista, un ladrón al que debía perseguir un juicioso detective francés encarnado por Peter Ustinov. Pero su ex subordinado abandonó el proyecto y el papel fue a parar a Peter Sellers, que con sus payasadas convenció al director Blake Edwards de cambiar el tono del personaje y convirtió al inspector Clouseau en el atractivo principal del film.
Ni ese inesperado desplazamiento ni los problemas familiares ni la rara forma de esclerosis que lo llevaría a la muerte pudieron con su carácter afable. John Mortimer, el guionista de Retorno a Brideshead , dice que en la pantalla Niven jamás alcanzó tanto brillo como en su conversación. Puede ser. Pero de todos modos, el caballero de Hollywood pudo cumplir con lo que se había propuesto: "Hacer de este mundo un lugar un poco más feliz".



