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Salma Hayek en Del crepúsculo al amanecer, de Robert Rodriguez
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Del crepúsculo al amanecer: tiros, sangre y nada de buen gusto en el film que consagró a Salma Hayek y George Clooney

Robert Rodriguez había sorprendido a Hollywood con su film El mariachi, rodado con apenas 7000 dólares: aquí unió fuerzas con Quentin Tarantino para diseñar una aventura osada, a medida de sus obsesiones con el cine de explotación, con un elenco cinco estrellas

Robert Rodriguez había sorprendido a Hollywood con su film El mariachi, rodado con apenas 7000 dólares: aquí unió fuerzas con Quentin Tarantino para diseñar una aventura osada, a medida de sus obsesiones con el cine de explotación, con un elenco cinco estrellas

7'
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Estamos ante una película singular, salvaje, violenta (en realidad ultraviolenta), fenomenalmente encendida de tropelías festivas contra el siempre mentado -en vano y vanamente- “buen gusto”. Esta es una película que incluye más de cien muertes, aunque muchas de ellas de vampiros. Del crepúsculo al amanecer es una de esas películas aluvionales llenas de sorpresas, de ideas, de actores y actrices, de canciones, de rutas, de coches, de calor y desierto, de tiros y sangre, de decapitaciones y empalamientos, de insultos y más insultos, de chistes despreocupados por las más diversas correcciones, de referencias cinéfilas, de ingenio para sortear alguna escasez de producción, de gritos y bravuconadas, de cuerpos que explotan, de pedazos de cuerpos que mutan en entidades monstruosas y pegajosas, de diversión a todo vapor y a todo alcohol. Una película endiablada, transpirada, una película celebratoria de las tradiciones más descaradas del cine de explotación, del cine de los setenta y de unas cuantas locuras clase B. Una película que declara su amor por el cine alejado de la elegancia meliflua, de lo -en vano y vanamente- declarado “fino”. Del crepúsculo al amanecer es –qué duda puede caber luego de revisarla con gran disfrute a casi treinta años de su aparición– artesanía cinematográfica elevada a una potencia contundente y evidente, arte cinematográfico soñado en grande por dos de los más osados y talentosos cineastas surgidos en la última década del siglo XX.