
De joven el destacador actor era muy torpe con las mujeres y para poder lidiar con ellas sintió que tenía que pulir su talento por la actuación, así dio inicio a una carrera que lo llevaría a lo más alto
Para Gene Wilder hacer reír al público era algo serio. No era un juego ni un hobby: quería convertirse en un actor profesional, no un improvisado que practica sus líneas la noche antes de la función. “Amo el arte de la actuación y amo el cine porque significa que siempre voy a tener otra oportunidad si lo deseo. Puedo empezar de nuevo, si la última vez no funcionó porque estuve muy nervioso”. La madre de Gene, Jeanne, era su mejor audiencia: festejaba todas las ocurrencias y picardías con las que se expresaba su hijo cuando era pequeño. Pero el joven Jerry Silberman comprendió que el mundo no iba a ser tan fácil de conquistar como su madre.
