
Tras años de productiva sociedad, la relación entre el director Kevin Reynolds y la estrella de Hollywood ya estaba bastante desgastada; la filmación de Waterworld no hizo más que terminar con ese vínculo... y provocar un naufragio de proporciones
En el mundo del espectáculo, siempre tan afecto a las supersticiones y a los mitos, se asegura que un título agorero desemboca inevitablemente en un fracaso asegurado. Partiendo de esa base conviene evitar -por más adecuado a la historia que sean- ejemplos como “No se lo digas nadie”, “Por acá no es”, “Mejor ni vengas” o “No te perdés de nada”. Se asegura que el espectador suele tomarse el consejo tan en serio que, efectivamente, lo sigue al pie de la letra. De ser cierto, la traducción de Waterworld podría haber sido “A los botes”, o mejor aún: “nos tapó el agua”.
