
Historia de Cahiers du Cinéma, nostálgica, pero muy actual
"Le Cinéma des Cahiers"-"Cincuenta años de historia (de amor) (del cine)" . ("Le Cinéma des Cahiers - 50 ans d´histoires d´amour du cinéma", Francia/2001, blanco y negro y color). Producción documental en Betacam presentada por Cine-Ojo y el Cine Cosmos. Dirección y guión: Edgardo Cozarinsky. Fotografía: Jacques Bouquin. Consejero musical: Jorge Andrés. Montaje: Martin Bouquin. Producción: Richard Copans. Duración: 88 minutos.
Nuestra opinión: muy buena.
En la mirada que Edgardo Cozarinsky echa sobre los cincuenta años de historia de Cahiers du Cinéma caben al mismo tiempo la reseña escrupulosa, el examen crítico, la voluntad de confrontar voces muchas veces discordantes y un sentimiento manifiesto: el de la pasión por el cine.
Ese sentimiento que comparten quienes hicieron (y siguen haciendo) la historia de la publicación y quien ha buscado reconstruirla es también, seguramente, el requisito indispensable que el film pide del espectador para atrapar su interés y para comprometer su inteligencia y su emoción. Porque en "Le cinéma de Cahiers" cabe también la nostalgia, fruto inevitable de una revisión que al abarcar un período tan largo y registrar evoluciones, alteraciones y mudanzas, hace del tiempo una presencia sustantiva e insoslayable.
Obviamente, como que su foco está puesto sobre una revista especializada en cine -la más famosa y quizá la más influyente que ha habido-, no se trata de un trabajo destinado al gran público sino a quien se interesa especialmente en el cine como forma artística y por ello está al tanto de su desarrollo, su presente y su historia. Pero no hace falta ser un experto para apreciarlo: el film de Cozarinsky es tan claro en su exposición y tan cuidadoso en la selección de los testimonios como para que al fin quede desplegado un retrato "vivo" de la revista, con sus altibajos, sus cambios de rumbo, sus fanatismos, sus contiendas internas, sus brillos y sus opacidades.
Que el film encierre un homenaje no significa que se congele en una visión estática y definitiva de la revista. Cozarinsky evoca a aquel Cahiers mítico que hizo hincapié en la teoría del autor y del que brotó casi toda la nouvelle vague, se detiene en la época en que cedió al dogmatismo y a la intolerancia, recuerda los éxodos cíclicos y la sucesión de generaciones que han marcado cada período de la revista hasta la actualidad, pero de esa aparente serie de láminas superpuestas se recorta la identidad de un órgano de reflexión y difusión cultural que se mantiene vivo y cuya unidad se sostiene en el secreto encadenamiento que enlaza sus distintas fases. Hay nostalgia, pero queda en evidencia que la historia de Cahiers du Cinéma sigue en construcción.
Testimonios
Cada uno a su tiempo, un puñado de redactores pertenecientes a distintas épocas de la revista evoca el origen de su pasión cinéfila, cuenta su vinculación con Cahiers y resume experiencias vividas desde adentro. Serge Daney es un personaje dominante de esa serie de testimonios; otro, Serge Toubiana, que recuerda sus entrevistas con Truffaut y Godard en los tiempos en que el propósito era recuperar a la publicación tras el experimento maoísta. La serie testimonial -montada con agilidad y sutileza por el realizador- convoca a otros nombres familiares para el cinéfilo -Michel Delahaye, Jean Narboni, Jean Louis Comolli, Sylvie Pierre, Daniéle Dubroux, Luc Moullet- y en más de un caso promueve la controversia.
Un sector particularmente significativo y emocionante para el espectador de esta parte del mundo (que no siguió tan de cerca los vaivenes políticos de la publicación, pero conoce los films que hicieron sus críticos devenidos en cineastas) es el que ocupan los años que abarcan de la irrupción de la nouvelle vague a la efervescencia del 68, con Truffaut, Rivette, Godard, Chabrol y Rohmer entre sus principales animadores; con el soporte formativo de la Cinemateca de Henri Langlois y con la inspiración decisiva de André Bazin, fundador del mensuario (y de su antecesora, la Revue du Cinéma) y codirector desde el primer número hasta su fallecimiento, en 1958. No faltan las palabras de algunos cineastas -Bertolucci, Youssef Chahine, Pasolini- ni las imágenes del cine que Cahiers celebró y ayudó a difundir, de "Dios y el diablo en la tierra del sol", de Glauber Rocha, a los títulos emblemáticos de la nouvelle vague como "Los cuatrocientos golpes" o "Sin aliento". Un par de apariciones de Truffaut intensifican la temperatura emotiva.
Imágenes, recuerdos y reflexiones se suceden sobre la nostálgica melodía de "Que reste-t-il de nos amours?" que recrean artistas de orígenes y lenguajes diversos, de Duke Ellington a Mantovani y de Guy Lafitte a João Gilberto. La esencia dulcemente melancólica de la canción de Charles Trenet, que se renueva y pervive en cada versión, parece reproducir en clave musical la parábola de Cahiers du Cinéma, esa revista siempre joven que ha sabido alcanzar la condición que Jean Renoir pedía de las películas: "No importa tanto que sean bellas o perfectas -decía-, sino que tengan personalidad".
Cahiers la tiene: merecía este homenaje.




