
En 2004, Tom Cruise interpretó a un asesino a sueldo en Colateral, de Michael Mann, y convirtió a ese personaje en uno de los mejores de toda su carrera en el cine.
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“La estrella es posible en la medida en que el actor de cine no hace teatro”, escribe Edgar Morin en su canónico e imprescindible ensayo Las estrellas de cine. Dice allí que durante el proceso de “desteatralización” los actores de cine se despojan de toda exageración en el gesto y en la voz, algo que solo parece necesario cuando están en un escenario y a poca distancia del público.

