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La lección de piano: los secretos detrás de una de las historias de amor y deseo más intensas del cine

Más de tres décadas después de su estreno, la obra maestra de Jane Campion sigue fascinando por su retrato de aquello que las palabras no pueden expresar

La lección de piano: los secretos detrás de una de las historias de amor y deseo más intensas del cine
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Pascal, matemático y teólogo francés, dedujo en sus Pensamientos que “todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento” porque “el corazón tiene razones que la razón desconoce”. Esos principios se sostienen en La lección de piano, el clásico dirigido por Jane Campion que es una gran reflexión sobre la música, el sonido del silencio, las palabras que (en vano) intentan nombrar aquello que elude el orden simbólico del universo, la pasión, el deseo, el sexo y el amor. Esta historia, un retrato sobre lo que debe decirse sin palabras, se pregunta: “¿Qué es lo primero que pide el corazón?“.

La película que la directora neozelandesa escribió y dirigió en 1993, cuenta la historia de una mujer escocesa que llega a la costa más remota de Nueva Zelanda cargando con su hija, su piano y un silencio que eligió hace mucho tiempo, sin que nadie (ni siquiera ella) sepa bien por qué. Más de tres décadas después, la película sigue funcionando como una historia de amor, sí, pero también como la demostración de que el deseo, cuando no puede hablar, siempre encuentra otras formas de manifestarse: a través del idioma de los símbolos, del idioma de los sentidos, del idioma de la música.

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Existe una vieja sentencia que Jorge Luis Borges recordaba en unas clases que dio sobre el filósofo argentino Lafinur: todo lo que está en la inteligencia, antes estuvo en los sentidos. Es la doctrina del sensualismo, la idea de que no hay conocimiento, ni siquiera el más abstracto, que no haya llegado primero a través del cuerpo. Ada McGrath, la protagonista de esta película, ilustra esa tesis: no razona su deseo, lo toca; no explica su furia, la interpreta.

“Triste pero deseosa”

Campion venía de dirigir Un ángel en mi mesa, una película que ya mostraba su fascinación por mujeres al borde, mujeres que el mundo consideraba raras o directamente locas. Para su tercer largometraje escribió un guion inspirado libremente en una novela de Jane Mander, aunque la propia directora reconoció otra influencia literaria: Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. La furia contenida de Heathcliff y Catherine, ese amor que no encuentra ninguna forma decente de expresarse y termina desbordando a sus protagonistas.

Encontrar a la actriz que pudiera cargar con Ada no fue sencillo. La primera elección de Campion fue Sigourney Weaver, que rechazó el papel porque estaba en pausa de la actuación. También fueron consideradas Anjelica Huston y Juliette Binoche. Isabelle Huppert estaba convencida de que el papel iba a ser suyo. Años después reconoció que se arrepentía de no haber peleado por él con la misma insistencia que tuvo Holly Hunter.

Holly Hunter se quedó con el papel que le valdría un premio Oscar a la mejor actriz
Holly Hunter se quedó con el papel que le valdría un premio Oscar a la mejor actriz
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Campion había imaginado a una mujer alta, de una belleza oscura y perturbadora. Hunter medía apenas 1,57 metros. Pero cuando la directora vio su audición, la estatura dejó de importar: alcanzó con esa mirada seria, impávida, que detrás de esa aparente frialdad cobijaba algo más. Hunter, además, tenía un antecedente que ninguna otra candidata podía ofrecer: de chica había estudiado piano hasta los 16 años, y todavía guardaba ese entrenamiento en las manos.

Sobre por qué peleó tanto por el papel, Hunter explicó después que había leído demasiados guiones que intentaban escribir personajes femeninos, pero terminaban retratando mujeres pensadas como si fueran hombres. En Ada, en cambio, encontró un lienzo distinto: la posibilidad de explorar su propia feminidad sin ningún filtro de por medio.

Fue difícil conseguir una reunión con Jane”, relató Hunter sobre el proceso. “No me consideraba para el papel en absoluto, basándose en el trabajo que yo había hecho previamente, y entiendo por qué se sentía así. Pero Campion estuvo totalmente abierta a explorar la posibilidad. Hasta que le di una cinta tocando en un piano, con una interpretación que era triste pero deseosa, y hasta contraté a un entrenador de dialecto escocés para aprender los monólogos de apertura y cierre de la película”. La elección de Ada llegó no solo por la apariencia, sino por la sensibilidad con la que Hunter tocaba el piano.

Para Flora, la hija de Ada, se hicieron audiciones abiertas en toda Nueva Zelanda. Se presentaron 5000 chicas de entre nueve y trece años, todas evaluadas también por su estatura: tenían que parecer creíblemente hijas de una mujer tan menuda como Hunter. La elegida fue Anna Paquin. Tenía apenas 9 años cuando empezó a filmar la película: no tenía experiencia previa en cine y ni siquiera podía leer el guion completo, porque había descripciones sobre escenas de sexo.

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Paquin, que años después saltó a la fama como Rogue de X-Men, es hasta el día de hoy la segunda persona más joven en ganar el Oscar como actriz de reparto gracias a su interpretación en La lección de piano. Con apenas 11 años, conquistó el oro de Hollywood.

El sonido del silencio

Antes de empezar a filmar, había otro problema que resolver: ¿cómo suena una mujer que no habla? Campion contrató al compositor inglés Michael Nyman. Para el cine era conocido sobre todo por su trabajo con el cineasta Peter Greenaway. Apenas empezaron a hablar del proyecto, la directora fue clara: no quería nada de “esa mierda de Greenaway”, esos violines repetitivos que se habían convertido en su marca registrada. Buscaba otra cosa: un compositor capaz de construir un mundo emocional propio.

Nyman entendió el verdadero desafío recién cuando se puso a trabajar: tenía que inventarle una precuela musical a un personaje que no había existido antes de la película. Ada tenía que sonar como si llevara toda una vida tocando ese piano, mucho antes de que la cámara empezara a filmarla. “Fue la banda sonora más difícil que hice, en el sentido de que me llevó más tiempo descifrar qué debía hacer que con cualquier otra película”, reveló el compositor.

No podía usar el repertorio clásico de salón que se estilaba en la época, porque esa música pertenecía a un mundo del que Ada, aislada en su silencio, no formaba parte. Le pidió a Campion algo inusual: un guion interno con lo que Ada estaría “diciendo” en cada escena con su música. Con esa guía, investigó canciones populares escocesas de principios del 1800. Y así ahí nació “The Heart Asks Pleasure First”, la pieza que con los años se convirtió en la más exitosa de su carrera.

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Cuando Hunter le envió grabaciones suyas en el piano, Nyman descubrió algo que terminó de definir el sonido de la película: la actriz era buena tocando piezas lentas, pero no podía con nada demasiado veloz o técnico. En lugar de forzarla, escribió a su medida.

Hubo una escena que Nyman confesó temer particularmente: cuando a Ada le cortan un dedo. No quería saber nada con escribir música típica del cine mainstream de Hollywood, aunque se tratara de una producción independiente de Nueva Zelanda. La solución la encontró Campion.

“Lo resolvió usando el tema principal, ‘The Heart Asks Pleasure First’. Y lo que me asombra de la música es su maleabilidad. Es una pieza de música que expresa la alegría de Ada al reencontrarse con su piano en la playa... Y la misma música, la misma grabación, la misma interpretación, fue utilizada por Jane para una secuencia muy diferente”.

El resultado final lo conmovió: “Me sentí tan abrumado por la película que la vi 11 veces. Fui a 11 estrenos. Me quedaba como un conejo paralizado por los faros de un coche, no solo por mi música, sino por esta increíble síntesis de música, imagen, localización, clima, iluminación y actuación”.

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Un bosque “como si fuera una pecera”

Andrew McAlpine, el diseñador de producción no quería nada de reconstrucciones de época prolijas para esta historia. La casa de Stewart, el marido de Ada, está rodeada de barro y azotada por lluvia. No fueron accidentes, sino decisiones estéticas: la lluvia era artificial y el barro fue exagerado por la producción para hacer sentir la incomodidad del terreno que debían enfrentar la madre y su hija.

La casa de Stewart, el marido de Ada, está rodeada de barro y azotada por lluvia. No fueron accidentes, sino decisiones estéticas: la lluvia era artificial y el barro fue exagerado por la producción para hacer sentir la incomodidad del terreno que debían enfrentar la madre y su hija
La casa de Stewart, el marido de Ada, está rodeada de barro y azotada por lluvia. No fueron accidentes, sino decisiones estéticas: la lluvia era artificial y el barro fue exagerado por la producción para hacer sentir la incomodidad del terreno que debían enfrentar la madre y su hija

McAlpine tenía su propia idea sobre la película: “Quiero sugerir que la historia para una mujer no es la misma que la historia para un hombre. Es algo en lo que pensé mucho. Las mujeres ven una redondez en el tiempo, mientras que los hombres suelen verlo como una línea recta. La crudeza de estos miembros fundadores de la comunidad de colonos era muy marcada. Vemos eso en el personaje de Holly, y en algunas de las otras mujeres de la película: caracteres fuertes”.

El neozelandés Stuart Dryburgh, a cargo de la fotografía, encontró su propia manera de traducir esa idea en imágenes. “El bosque profundo Jane lo había asemejado al fondo de una pecera”, dijo. Estudió el autocromo, un antiguo proceso de fotografía en color inventado por los hermanos Lumière a principios del 1900, que producía corrimientos de color impredecibles al no usar un negativo intermedio. Ese temblor cromático, esa inestabilidad, es la que termina dándole a La lección de piano su aspecto onírico.

Estábamos usando película de tungsteno exponiéndola a la luz del día y luego le añadíamos más azul. Así logramos este aspecto como de estar bajo el agua”, explicó Dryburgh. Tiene sentido que la película juegue con la idea del azul marino: sobre todo durante el epílogo, cuando Ada recita un poema de Thomas Hood sobre la frialdad del fondo del mar.

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El “hombre desdichado” por el deseo

Harvey Keitel fue una apuesta arriesgada para el papel de Baines, el hombre que no sabe leer, lleva el rostro parcialmente tatuado al estilo maorí y termina comprándole el piano a Stewart.

“Si un hombre no encuentra a su energía femenina, a la mujer a quien adorar, nunca estará completo. Tiene que, en algún momento, reconocer el poder de lo femenino. Y, sí, someterse a él”, señaló Campion sobre Baines, el personaje interpretado por Harvey Keitel
“Si un hombre no encuentra a su energía femenina, a la mujer a quien adorar, nunca estará completo. Tiene que, en algún momento, reconocer el poder de lo femenino. Y, sí, someterse a él”, señaló Campion sobre Baines, el personaje interpretado por Harvey Keitel

Baines, un hombre “animal”, como lo describía la directora, también es sensible: “Si un hombre no encuentra a su energía femenina, a la mujer a quien adorar, nunca estará completo. Tiene que, en algún momento, reconocer el poder de lo femenino. Y, sí, someterse a él”.

La primera vez que Baines escucha tocar a Ada ocurre casi por accidente: la lleva hasta la playa donde el instrumento sigue varado y la deja tocar mientras él, a la distancia escucha. No hay diálogo en esa escena. La música es, literalmente, todo lo que Ada tiene para decir, y por primera vez alguien la escucha de verdad.

De ahí nace el trato que sostiene el resto de la película: Baines le compra el piano a Stewart y se lo devuelve a Ada a cambio de lecciones privadas. Pero las lecciones son una excusa. Lo que Baines quiere es estar cerca de ella mientras toca, y a medida que avanza el trato empieza a pedir algo más: una tecla por cada vez que ella le permite mirarla, tocarla, desvestirse un poco. Ada, que llegó a Nueva Zelanda vendida en matrimonio a un hombre al que nunca eligió, encuentra en ese trueque la primera decisión ligada a la pasión: elige, tecla por tecla, hasta dónde llega su propio deseo.

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Entre esas clases habita una de las frases más recordadas de la película: “Ada, le devuelvo el piano”, le dice Baines. “No aguanto más. Este arreglo que tenemos a usted la hace una prostituta y, a mí, un desdichado. Quiero que usted me cuide. Pero usted no puede”; y agrega: “Soy infeliz porque la deseo. Porque mi mente está en usted y nada más. Por eso sufro”.

"Harvey parecía estar experimentando el deseo de tocarla, pero representándolo internamente. El clima se volvió muy tenso en esa habitación... y cuando él se levanta y va y pone su mano sobre, la tensión era increíble", recordó Jane Campion
"Harvey parecía estar experimentando el deseo de tocarla, pero representándolo internamente. El clima se volvió muy tenso en esa habitación... y cuando él se levanta y va y pone su mano sobre, la tensión era increíble", recordó Jane Campion

Campion describió la elección de Keitel y su particular proceso para trabajar con Hunter: “Hicimos muchos y muy buenos ensayos para construir esos impulsos y experiencias corporales. Hay una historia que cuento siempre, y es que durante el rodaje Holly va al piano y toca, y Harvey está sentado allí, simplemente mirando. Después de unos 15 minutos, él sigue sentado allí. Así que Holly me llama y me dice: ‘¿Qué pasa? ¿No quiere tocarme?’. Harvey parecía estar experimentando el deseo de tocarla, pero representándolo internamente. El clima se volvió muy tenso en esa habitación, y cuando él se levanta y va y pone su mano sobre, la tensión era increíble. Fue una gran lección para mí sobre lo que necesitábamos en ese momento de la película."

La mensajera del amor

En el medio de ese trato queda Flora, que traduce con las manos cada palabra de su madre pero no tiene ningún control sobre sus decisiones. La niña es cómplice sin querer serlo: lleva mensajes que no termina de entender, guarda secretos que la asustan y, en el momento más violento de la película, termina delatando sin querer el amorío que le va a costar un dedo a su madre. Campion no la convierte en una villana por eso: es apenas una chica de 9 años exigida a cargar con las decisiones de una persona adulta.

Campion se inspiró en su relación con su propia madre: “Mi madre no era normal. Quedó huérfana a los 9 años y realmente no sabía cómo ser madre. Era alcohólica y loca. Es una historia terrible y dolorosa. Siento que fui muy egoísta de joven. Todo lo que me importaba era yo misma, y a menudo mi hermana y yo decimos: ‘¿No habría sido bueno que ella hubiera sido nuestra hermana, y que hubiéramos podido protegerla y ayudarla?’“.

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"Mi madre no era normal. Quedó huérfana a los 9 años y realmente no sabía cómo ser madre. Era alcohólica y loca. Es una historia terrible y dolorosa. Siento que fui muy egoísta de joven. Todo lo que me importaba era yo misma, y a menudo mi hermana y yo decimos: ‘¿No habría sido bueno que ella hubiera sido nuestra hermana, y que hubiéramos podido protegerla y ayudarla?’“, señaló Campion
"Mi madre no era normal. Quedó huérfana a los 9 años y realmente no sabía cómo ser madre. Era alcohólica y loca. Es una historia terrible y dolorosa. Siento que fui muy egoísta de joven. Todo lo que me importaba era yo misma, y a menudo mi hermana y yo decimos: ‘¿No habría sido bueno que ella hubiera sido nuestra hermana, y que hubiéramos podido protegerla y ayudarla?’“, señaló Campion

Así surgió la inspiración para Flora: “Si la niña sentía que su madre estaba interesada en alguien más y que ella se quedaba fuera, eso sería una verdadera traición y ella querría hacer que su madre se comportara. Incluso si debía castigarla. No de forma tan terrible como lo que ocurrió, claro”.

Sobre el romance que habita el corazón de esta historia, Campion dijo: “Creo que este es un trabajo similar a ese pensamiento romántico clásico, y también es una experiencia de amor muy febril, cargada sexualmente. Es una de las experiencias más grandiosas que podemos llegar a tener y la historia está construida de esa manera, en la que ella no es consciente de lo que le está sucediendo, porque está obsesionada con recuperar el piano. Pero cuando el piano regresa, se da cuenta de que disfrutaba de la atención. Yo siempre tuve la idea de que en el amor todo es atención. Y ella extrañaba eso”.

Las escenas entre Ada y Baines terminaron siendo uno de los motivos por los que La lección de piano se hizo conocida: había desnudez, deseo y una tensión sexual filmada sin pudor ni golpes de efecto, algo que en 1993 todavía sorprendía dentro del cine.

De repente se me ocurrió que había una inocencia sobre el sexo, el erotismo y el amor que era muy difícil de alcanzar para la gente en esta era moderna”, reveló Campion. “Crecemos con la idea, la mayoría de nosotros, de que uno de los grandes logros de la vida es tener una relación y un romance sexual plenamente desarrollado, y leemos infinitas revistas y libros que nos informan sobre cómo hacer el amor adecuadamente; por lo que algo de la inocencia del impulso romántico o erótico se ha perdido, nos cuesta simplemente tropezar con ello para que sea descubierto. Y los personajes de la historia son bastante ciegos a lo que les está ocurriendo, de modo que en realidad se tropiezan con ello por accidente”.

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La crueldad que conduce a la tragedia

Stewart, el marido que interpreta Sam Neill, tarda en enterarse de la relación de los amantes. Cuando lo hace, la reacción es brutal. Encuentra una tecla con un mensaje de amor tallado para Baines y, ciego de furia, arrastra a Ada hasta un tronco y le corta un dedo con un hacha, frente a la mirada aterrada de Flora, que después tiene que llevarle el dedo envuelto en un trapo al propio Baines.

“Ada es testaruda y al final ves de qué se trataba esa voluntad todo el tiempo: eran estrategias para mantenerse viva en estas circunstancias imposibles. Así que la voluntad de tocar el piano y, finalmente, la voluntad de salvarse a sí misma. Creo que tal vez eso es parte de mi ethos de personajes femeninos que amo, que tengan esa obstinación como Emily Brontë”, reveló la directora.

Pero la cineasta nunca vio a Stewart como un “malo” convencional. “Yo quería a alguien que tuviera mucho encanto y atractivo. No me gusta para nada esa idea tan obvia del villano; me resulta aburrida. Siento que todos tenemos la capacidad de ser bastante crueles en nuestras vidas, y también de ser amables. Y creo que el principal problema de Stewart es su ignorancia y su pomposidad.”

El Oscar que no fue y la Palma de Oro histórica

La lección de piano se filmó con un presupuesto de 7 millones de dólares; recaudó más de 140 millones en todo el mundo. En mayo de 1993 llegó a Cannes y se llevó la Palma de Oro, compartida con Adiós a mi concubina, de Chen Kaige, lo que convirtió a Campion en la primera mujer en ganar el premio máximo del festival.

Meses después, los Oscar: mejor actriz para Hunter, actriz de reparto para Paquin, y guion original para Campion, que además se convirtió en la segunda mujer nominada a mejor dirección en la historia de la Academia. Pese a esas victorias, la película perdió el premio mayor contra La lista de Schindler.

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La música de Nyman, que con el tiempo se transformó en un clásico de repertorio de concierto, ni siquiera fue nominada. Fue una herida que tardó tiempo en cerrar para el compositor: “La situación de los Oscar fue extraña. Tuvo 9 nominaciones la película y, como decía de forma cínica, hasta el servicio de catering fue nominado, pero misteriosamente la música no. Pensé que quizás no era tan buena, que yo era un extraño y no había pagado mi derecho de piso en Hollywood. Aunque creo que fue una reacción un tanto paranoica.”

Lo que el corazón busca antes que nada

Campion quería un final mucho más oscuro para la película. Originalmente pensó que la protagonista se quedara en el fondo del mar, hundida con su piano. A Hunter también le gustaba ese final trágico, pero fue la directora la que no se animó. “En esa época me faltaba el nervio para filmarlo así”, reconoció.

Para ella, esta es una historia sobre el amor y el dolor: “Hay peligros que estas personas tienen que confrontar para comprender su identidad. Pasan por la confrontación, el conflicto y el sufrimiento para tener una revelación, para aprender algo. Tienen valor, porque el miedo está involucrado al confrontarse a uno mismo. Y sin la capacidad de sufrir, de enfrentarse a esa angustia y miedo, no hay evolución. Estos personajes se sumergen en lugares difíciles, pero emergen en un lugar hermoso. Pero sin ese riesgo y sufrimiento, no habrían llegado a su nuevo destino: amor y familia.” En La lección de piano, como en la vida, el corazón pide placer primero.