
La naranja mecánica se estrenó mundialmente en 1971 pero fue prohibida en el país; las diferencias entre su director, Stanley Kubrick y el autor de la obra, Anthony Burgess
Es interesante el hecho de que una de las películas más problemáticas de la historia en realidad sea una reflexión sobre cómo el Estado interviene en la libertad de las personas. Más interesante es el hecho de que ese film, más allá de su enorme carga de violencia y el sexo que campea al menos en la primera mitad, es una sátira y la burla, para cualquier espectador atento, se nota desde los primeros minutos. A diferencia de la novela sobre la que se basa, la película multiplica señales de que no debe tomarse en serio. Pero una de las pruebas de la magia del cine consiste en que muchas veces el espectador no separa ficción de realidad. Por eso es que La naranja mecánica, la película más controvertida de un Stanley Kubrick que siempre buscó lo polémico y riesgoso, parece un cazabobos cuyo fin es poner en ridículo a los censores. Si tal fue la intención, el hecho de que haya despertado controversias en todas partes y permanecido prohibida durante nueve años en la Argentina, por ejemplo, debe considerarse el mayor éxito del realizador.
