
Personajes entrañables, aventuras para grandes y chicos y una película pionera que, tres décadas más tarde, continúa siendo actual
No todas las revoluciones son violentas. Algunas, probablemente las más efectivas, pasan al principio inadvertidas; un pequeño cambio, un elemento nuevo en el paisaje que, lentamente, altera nuestras experiencias hasta que la nueva situación nos parece algo que siempre fue así. Aunque cuando miramos atrás, descubrimos que ese pequeño cambio estableció un antes y un después. Esta semana se la puede volver a ver en pantalla grande en nuestro país, una confirmación enorme de esta hipótesis con el reestreno de la primera película “sin película”; el primer largometraje completamente realizado con computadoras que, de paso, fue el nacimiento de una mitología y un universo. El film es Toy Story, y quizás para muchos lectores no sea más que un entretenimiento clásico que los más chicos repiten una y otra vez desde la plataforma de Disney+ (como en otros tiempos lo hicieron con el VHS o el DVD). La excusa: el film cumple 30 años. Es decir, hace tres décadas casi exactas (la fecha “oficial” de estreno estadounidense es el 22 de noviembre de 1995) el cine era otra cosa.

