
Es la segunda película de Quentin Tarantino y la que lo consagró definitivamente; también es una de las que mejor envejeció
Aunque usted no lo crea, Pulp Fiction (aquí se estrenó como Tiempos violentos, pero quedémonos con el título -de nobleza- que le corresponde; puede encontrarla en Netflix) acaba de cumplir treinta años. Tres décadas, seis lustros, lo que quiera y en el orden que quiera: parece que fue ayer y, cuando se la revisa, sigue siendo nueva. Es cierto que sus protagonistas no están como entonces, pero resulta sorprendente que no haya más películas así. ¿Así cómo?, preguntará el lector. Así: arriesgadas, amorales, divertidas, llenas de ideas, desprejuiciadas. Decir que Pulp Fiction es una obra maestra es un error. Probablemente lo sea, pero es lo de menos: es de los pocos casos de un film que tiene como norte ser él mismo y, a partir de eso, cambió las reglas de juego.
