Monstruos conocidos en una cueva de terror
"La cueva" ("The Cave", EE.UU./2005). Dirección: Bruce Hunt. Con Cole Hauser, Morris Chestnut, Eddie Cibrian, Rick Ravanello, Marcel Iures, Lena Headey, Piper Perabo. Guión: J. Michael Steinberg y Tegan West. Fotografía: Ross Emery y Wes Skiles. Música: Johnny Klimek y Reinhold Heil. Edición: Brian Berdan. Presentada por Columbia. Hablada en inglés. 95 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: mala
Que todo lo que muestra ya haya sido mostrado antes y que todo lo que cuenta ya haya sido contado no es el peor de los defectos de este film: al fin, cualquier historia, por conocida que sea, acepta una relectura siempre que quien la aborde tenga la suficiente imaginación para remozarla o, por lo menos, el suficiente oficio para reproducirla.
En "La cueva", que se inscribe en ese tipo de cine de terror que podría llamarse "de monstruos", imaginación y oficio son precisamente los ingredientes que faltan. Casi todo lo demás está: el ambiente remoto, inexplorado y oscuro; el puñado de personajes, preferentemente jóvenes y de buena presencia, confinados en un espacio sin salida, y la inesperada aparición de una criatura monstruosa y voraz. O varias.
A falta de imaginación, aquí se ha recurrido a la memoria para copiar (mal) trucos que fueron efectivos en decenas de films, de "Alien" y "Tiburón" para acá. En cuanto al oficio, no es demasiado el que muestra el director debutante Bruce Hunt para exponer con alguna claridad la pobre anécdota superpoblada de lugares comunes que le proporcionaron los guionistas J. Michael Steinberg y Tegan West: durante largos tramos del film, la desprolijidad y el vértigo del montaje impiden entender qué pasa, o peor: determinar a qué integrante del elenco le ha tocado ahora integrarse al menú de la(s) insaciable(s) criatura(s).
Ni el consuelo de la risa
No hay mucho que decir sobre el cuento. El inevitable prólogo -en Rumania, durante la Guerra Fría-advierte que a unos aventureros cazafortunas no les fue muy bien cuando anduvieron hurgando en los subsuelos de una abadía románica del siglo XIII: el viejo edificio estaba construido sobre la entrada de una cueva gigantesca y los intrusos terminaron sepultados. Ahora, treinta años después, una pareja de biólogos locales explora la misma zona y descubre que hay un interesante campo de estudio en ese complejo sistema de misteriosos conductos subterráneos.
"Necesitaremos ayuda profesional", exclaman, como podía preverse, casi a dúo, y entonces entra en escena el equipo de expertos en buceo que comanda el lacónico Jack e integran, entre otros, su ambicioso hermano, un atleta negro, un temerario camarógrafo y una bonita experta en montañismo. Todos se internarán por las oscuridades de la cueva y de ahí en adelante habrá bastante trabajo para el fotógrafo submarino Wes Skiles y para el diseñador de criaturas Patrick Tatopoulos, mientras el espectador espera pacientemente que el film le proporcione escenas inquietantes o, por lo menos, risibles.
Espera vana. "La cueva" es tan torpe y tan reiterativa que ni siquiera deja el consuelo de tomársela en broma.
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