
Murió Elke Sommer, uno de los grandes símbolos eróticos del cine europeo de los años 60
Su belleza nórdica cautivó a Hollywood y se lució en películas como El premio y Un disparo en la sombra
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El fallecimiento de la actriz alemana Elke Sommer, revelado en la mañana de este jueves, nos lleva de inmediato al recuerdo de uno de los grandes sex symbols del cine de otro tiempo. Su belleza rubia y nórdica atrapó al público europeo desde la pantalla grande en la década de 1960 con una fuerza tal que terminó conquistando a Hollywood y protagonizando con genuino talento, sobre todo para la comedia, algunos títulos que perduran en la memoria.
De todo lo que hizo en su etapa de mayor reconocimiento se destacan dos títulos sobre el resto. El primero fue El premio (1963), en donde personifica a la asistente sueca del ganador de un Nobel de Literatura (Paul Newman) y lo ayuda a tomar distancia de un plan en su contra elaborado por espías de Alemania Oriental, papel que le brindó la máxima distinción de toda su carrera, el Globo de Oro a la revelación del año, compartido en esa oportunidad con otras dos bellezas rubias de su época: Tippi Hedren (Los pájaros) y Ursula Andress (El satánico Dr. No).
El otro, por supuesto, fue Un disparo en la sombra (1964), la segunda aventura en el cine de la gloriosa serie de la Pantera Rosa creada por Blake Edwards y protagonizada por Peter Sellers. Allí la vemos luciendo un talento muy apreciable para la comedia, como Maria Gambrelli, una criada a la que el inefable inspector Clouseau (el gran personaje de Sellers) defiende de quienes la acusan de haber sido responsable de un asesinato.

Sommer falleció en su casa de Bel Air este miércoles. El 5 de noviembre iba a cumplir 86 años. “Elke falleció en paz alrededor de las 10 de la noche. Ahora por fin podrá reunirse con su amado esposo”, dijo su hijastro Sebastian Walther al diario alemán Bild, que difundió por primera vez la noticia en su edición digital. Vivía la mitad del año en California y la otra en su país natal, Alemania.
Durante su vida de estrella, Sommer representó gracias a su figura ideal y una serie de rasgos muy característicos de las modas de los años 60 (sobre todo esos peinados voluminosos tan llamativos que parecían inflarse) la imagen perfecta de la belleza nórdica.

Desde el comienzo de su carrera nunca tuvo complejos para mostrar su cuerpo en plenitud, estimulada por un entorno artístico que la alentaba en su tiempo para moverse en la pantalla sin inhibiciones. También fuera de ella: el mismo año en que se consagró con Un disparo en la sombra posó desnuda por primera vez para Playboy. La más recordada (y divertida) escena de esa película transcurre en un campo nudista.
Hija de un pastor luterano y un ama de casa, dejó a los 17 años su Berlín natal (nació allí el 5 de noviembre de 1940) y se fue a vivir sola a Londres con una familia anfitriona para aprender inglés y prepararse para la universidad, donde tenía intenciones de capacitarse como lingüista e intérprete en organismos diplomáticos internacionales. Pero su suerte cambió por completo (y para siempre) durante unas vacaciones con su madre en la localidad balnearia de Viareggio (Italia).
Allí alguien la grabó mientras tomaba un café y con esa imagen fue declarada ganadora de un ocasional concurso de belleza. Al publicarse su foto al día siguiente en el diario local, un productor se interesó en ella y le propuso a cambio de 2000 dólares una aparición fugaz como turista alemana de paso por Roma en L’amico del giaguaro (1959). Un año después fue descubierta por Vittorio de Sica, que le propuso adoptar el nombre artístico que la hizo famosa.
Su primera etapa en el cine, ya configurada alrededor de su imagen como símbolo erótico, encontró otra ayuda para conquistar el estrellato, en este caso en España. En 1962, el gobierno del dictador Francisco Franco impulsó el rodaje de una serie de películas ambientadas en playas de la península con propósitos turísticos y la idea de mostrar al mundo una imagen más amigable y abierta de ese régimen.
En medio de la férrea censura que el franquismo imponía en el cine se logró a partir de esa campaña algo casi imposible: autorizar en una película la aparición de una chica en bikini, una prenda absolutamente prohibida en ese tiempo. Fue Sommer quien lució por primera vez en el cine español una malla de dos piezas en Bahía de Palma (1962), dirigida por Juan Bosch. El furor por verla fue tal que la película estuvo en cartel varios meses y las entradas se sacaban con muchísima anticipación para que el cine mostrara lo que la censura no dejaba ver: una bellísima mujer rubia tomando sol en bikini en las playas de Mallorca.
Todo ese atractivo la llevó a Hollywood. Sommer no dudó en plantar allí su natural magnetismo erótico, expuesto con frecuencia en Playboy y otras publicaciones del mismo tipo. De esas instantáneas quedó siempre grabado un gesto muy típico de fruncir los labios en pose ingenua y seductora a la vez.
En Hollywood se hizo frecuente verla como heroína o villana en aventuras ligeras que mezclaban grandes robos, espionaje internacional y aventuras románticas. Fue galán de Dean Martin, Stephen Boyd y James Garner, hizo comedia con Bob Hope y probó suerte en títulos más exigentes como La trampa del oro (1965), junto a Glenn Ford y Rita Hayworth; The Corrupt Ones (1967), con Robert Stack, y Eran diez indiecitos (1974), sobre la clásica novela de Agatha Christie, donde compartió cartel con nuestro compatriota Alberto de Mendoza. Pero nada superó a lo que hizo en El precio y Un disparo en la sombra.
El inevitable declive de su carrera como estrella erótica la llevó con bastante fortuna primero al canto (grabó varios álbumes con música de cabaret) y luego a la pintura a partir de un estilo expresionista que, según sus palabras, se inspiraba en la obra de Marc Chagall. Fue también una entusiasta de los autos de carrera y una buena jugadora aficionada de tenis. Hablaba con soltura siete idiomas.
Sabía reírse de sí misma y de los aprendizajes de una carrera en la que frecuentemente fue subestimada. “Siempre odié eso de que era una bomba sexual. ¿Qué es eso? Sexy es una maldita palabra. Atractivo y erotismo es otra cosa. Lo que vale es la expresión de los ojos y el aura de cómo tratas a los demás. La apariencia me divierte. Por suerte sigo siendo talle 36 y los pantalones que usaba a los 40 todavía me siguen quedando muy bien. Nada es tan malo como dicen”, señaló cuando ya había superado los 70 años.

Mientras se despedía del cine (su última película Fue El prisionero de Zenda, en 1979, de nuevo junto a Sellers) comenzó a incursionar en el teatro y aparecer con frecuencia en proyectos televisivos. Sommer estuvo casada casi dos décadas con el columnista y escritor Joe Hyams (17 años mayor que ella) y tras su divorcio volvió al matrimonio, en este caso con el acaudalado hotelero alemán Wolf Walther. No tuvo hijos propios.
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