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Rodrigo de la Serna: el complejo desafío de encarnar a un oscuro personaje en la serie de Netflix, que narra la violencia paraestatal en el país en los 70

El actor anticipa cómo fue interpretar a Aníbal Gordon en la ficción dirigida por Pablo Trapero, que llegará a la plataforma de streaming el 18 de noviembre

Rodrigo de la Serna
11'
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“Es un psicópata”. No hizo falta pregunta alguna para que Rodrigo de la Serna se decidiera a definir con una palabra al personaje que tendrá su rostro en todas las pantallas del streaming a partir del 18 de noviembre. Lo dijo antes de arrancar formalmente el diálogo mano a mano con LA NACION sobre su nuevo proyecto audiovisual, tal vez el más jugado de toda su destacada carrera como intérprete.

El actor habla de Gordon, el nombre propio (y auténtico, de triste memoria en la historia argentina más oscura de las últimas décadas) alrededor del cual gira la serie de siete episodios que estará disponible en Netflix y marca el regreso de Pablo Trapero después de casi una década sin filmar en la Argentina.

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Trapero es el showrunner de todo el proyecto y dirige tres episodios. Los cuatro restantes están a cargo de Pablo Fendrik. La serie se inspira en los libros de investigación sobre Gordon escritos por Marcelo Larraquy, que participa a la vez en la elaboración de los guiones escritos por el propio Trapero y Marcos Osorio Vidal.

La serie muestra a Aníbal Gordon en un camino que empieza alrededor de algunos robos a gran escala y otros delitos que de a poco lo llevan a ocupar un lugar destacado en el escenario de la violencia paraestatal de la Argentina de los años 70, en medio de enfrentamientos entre sectores armados que desde distintas (y extremas) posturas reivindican la figura (todavía proscripta) de Juan Domingo Perón.

“Es una maravilla lo que hemos logrado –se entusiasma De la Serna en el comienzo de la charla-. Va a ser de difícil digestión para algún sector y también unos cuantos debates, pero sobre todo va a genera un éxtasis estético y cinematográfico muy poderoso”.

-No te veíamos por acá desde hace tres años, cuando se estrenó la película El rapto. Allí interpretabas a Julio Levy, un exiliado político que regresa a la Argentina en los años 80 para manejar la empresa familiar y de repente tiene que hacerse cargo de una tenebrosa negociación para liberar a su hermano, víctima de un secuestro extorsivo. En ese momento dijiste que estabas en un momento de mucha búsqueda. “Y el que busca encuentra”.

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-Y ahora encontré a Gordon, que es un poco la contracara de Julio y te lleva de regreso a ese momento terrible de locura colectiva de la historia argentina.

-¿Cómo llegaste a este proyecto?

-Fue una idea que me trajo Diego Andrasnik, también de la mano de Pablo Trapero. Hace muchos años que quería trabajar con Pablo, un director que admiro profundamente. Con Diego y con Adrián Suar compartimos un montón de cosas, así que fue muy bueno sumarme a esta historia tan interesante. Un período histórico que no está muy visitado por la cinematografía argentina.

"Este thriller político se centra en un personaje ciertamente extraordinario, fuera de serie, pero en el sentido más negativo de la expresión", dice
"Este thriller político se centra en un personaje ciertamente extraordinario, fuera de serie, pero en el sentido más negativo de la expresión", dice MARCOS LUDEVID 2025

-El cine argentino se ocupó mucho de los tiempos de la dictadura militar, pero hacia atrás mucho menos.

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-Todavía tenemos que digerir muchas cosas de ese tiempo. Tal vez en estos momentos estamos lo suficientemente maduros como para empezar a observarlos con menos dolor y también con menos personajes gravitantes de aquella época que puedan llegar a influir en nuestra vida actual.

-En ese período empiezan a verse con toda su contundencia la violencia política y la lucha armada en la Argentina. Y la figura de Juan Domingo Perón sobrevuela todo el tiempo esta historia.

-Todo eso nos da el marco para contar este thriller político que se centra en un personaje ciertamente extraordinario, fuera de serie, pero en el sentido más negativo de la expresión. En esos años el estado de derecho había quedado absolutamente abolido y el estado de violencia se empezaba a imponer como algo legítimo.

"Gordon no tiene ninguna ideología ni doctrina", plantea
"Gordon no tiene ninguna ideología ni doctrina", planteaMARCOS LUDEVID 2025

-Ahí aparece Gordon.

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-Ese marco era el caldo de cultivo propicio para que personajes como Gordon salieran a la luz. Como me dijo una vez Trapero, la violencia era un commodity en ese momento. Parte de la cotidianeidad, algo casi legitimado por todos los sectores. La Argentina no podía quedar exenta de esa violencia de época, ese marco de la Guerra Fría. Y Gordon empezó a darse cuenta que ya no necesitaba esa máscara social y empezó a ser el monstruo que verdaderamente es.

-La serie muestra a Gordon casi siempre en acción. Vamos construyendo nuestra idea del personaje a través de sus acciones y también de sus poquísimas palabras. Mientras tanto no sabemos muy bien qué es lo que lleva a Gordon a hacer lo que hace.

-Ahí está lo más interesante del personaje. En un marco de tendencias exacerbadas y marcos ideológicos que fanatizaban a las personas Gordon no tiene ninguna ideología ni doctrina. Acaso una “doctrina del mal”, de ejercer el mal. Lo que intenté hacer fue un compendio de percepciones. Lo único que le importaba era ejercer su psicopatía cada vez más libremente y con más voluptuosidad en pos del dinero, de una ambición de poder muy individual. Gordon no tiene empatía alguna por lo que pasa a su alrededor. Simplemente quiere ascender, aunque en realidad está descendiendo a los infiernos.

De la Serna junto a Matías Recalt, Camila Peralta y Matías Mayer, tres de los protagonistas de la serie
De la Serna junto a Matías Recalt, Camila Peralta y Matías Mayer, tres de los protagonistas de la serie Marcos Ludevid / Netflix

-Hay un solo momento en el que Gordon parece revelar qué lo inspira: un tremendo monólogo frente a una chica a la que está torturando.

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-No es más que un arranque narcisista y ególatra.

-Ahí dice que ejerce la violencia porque es la única manera posible de generar y asegurar el orden.

-Yo creo que lo hace más para torturar a su víctima que como una expresión profunda de lo que piensa. Una manera de seguir gozando de esa tortura. Eso es la perversión: gozar con el sufrimiento ajeno.

-¿Qué te dijo Trapero cuando te llamó y te dijo: “Yo quiero que seas el Gordon de mi serie”?

-Yo no conocía personalmente a Pablo antes de este proyecto, pero sabía de antemano que trabaja con mucha profundidad, mucha precisión y que es muy exigente. Los sets son ambientes muy fértiles donde todo puede suceder. Cuando estás en el potrero empezás a embarrarte y aparecen cosas que ni te imaginabas. El camino que hice con Pablo fue muy intenso y gratificante a la vez.

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-¿Investigaste sobre el personaje o te dejaste llevar?

-Yo soy un aficionado a la historia argentina, me apasiona desde siempre. Tengo una visión muy clara y una posición muy fuerte respecto de esos años y particularmente de Gordon. A partir del rol que él jugó en esta historia intenté abarcar la mayor malignidad y perversidad posible. No le cabe otra mención a alguien que mata por la espalda, que disfruta de la tortura, que no tiene ninguna consideración con el prójimo, que no respira en pos del bien común.

-Y que parece estar invirtiendo todo lo que gana en su propia industria del mal.

-El placer que siente Gordon es el de ejecutar su psicopatía de una manera casi ilegal. Finalmente, pudo sacarse la máscara social y convertirse en la sombra de lo que todo un pueblo soñó. El negativo completo de toda esa época encarnado en una sola persona.

Así aparece Aníbal Gordon, personificado por De la Serna, en los primeros tramos de la serie, en paisajes del sur argentino
Así aparece Aníbal Gordon, personificado por De la Serna, en los primeros tramos de la serie, en paisajes del sur argentino
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-Y todo en medio de un escenario cada vez más problemático y violento.

-Todavía nos cuesta entender lo que fue esa época, porque a partir de aquel evento antidemocrático que fue el bombardeo en Plaza de Mayo de 1955 todo se desmadró. Fue un evento que sacudió los cimientos de la sociedad a tal punto que todavía nos estamos intentando recuperar. Pero no nos olvidemos que todo esto es una ficción, un thriller político que es orgullo de la industria audiovisual argentina.

-Hay una gran cantidad de escenas de acción en la serie, empezando por el relato casi en tiempo real de un robo en pleno centro de San Carlos de Bariloche.

-Ese plano secuencia debe durar unos 10 minutos y es el resultado del esfuerzo técnico y artístico de todo un gran equipo. La capacidad y el talento no alcanzan si no hay pasión porque al cuarto o quinto intento terminás tirando la toalla. Y todo eso lo tenemos de sobra. Fueron jornadas agotadoras de 16 a 17 horas durante siete meses de filmación. Sostener ese nivel de intensidad nos costó muchísimo trabajo, pero el resultado está a la vista. Donde mires vas a ver un trabajo bien ejecutado hasta en el detalle más mínimo.

De la Serna, Mayer y Recalt en una serie que recrea algunos de los episodios más violentos de la historia argentina de los años 70
De la Serna, Mayer y Recalt en una serie que recrea algunos de los episodios más violentos de la historia argentina de los años 70
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-¿Te dio libertad Trapero para construir el personaje?

-Los dos Pablos. Tanto Trapero como Fendrik me dieron absoluta libertad creativa.

-¿Te inspiraste en alguien? Por ahí vemos en un momento una versión extrema y perversa de Travis Bickle, el personaje protagónico de Taxi Driver interpretado por Robert De Niro.

-Están todos los grandes ahí, todos. Hasta Sandrini. Y algunos extranjeros: italianos, norteamericanos, ingleses.

-Cumpliste 50 este año. ¿Te cayó alguna ficha?

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-Me cayeron 50 por lo menos... Es una hermosa edad. Estoy muy contento, muy bien. Y Gordon cayó en un momento que requería desde el casting que todos los demás fueran más jóvenes. La mayoría de los actores son Sub-25, todos excelentes. Quiero destacar el trabajo de Matías Recalt, Fiorella Bottaioli, Camila Peralta, Matías Mayer, Agustín Pardella y el resto del elenco. Por primera vez me pasó esto de ser el más veterano del elenco.

-¿Dudaste en algún momento antes de aceptar este proyecto?

-Me entusiasmé desde el vamos. Le dije a Trapero que iba a encarar el personaje desde el film noir, que es un género que siempre me convoca. Ahí se fueron sumando el thriller político, el suspenso, un poquito de gore. Gordon es un personaje que llega una sola vez en la vida por la monumentalidad y la sofisticación del papel. El nivel de sofisticación en las perversiones de este tipo nos obligó a exigirnos muchísimo desde lo interpretativo, a estudiar más y a crecer como artistas.

-¿Y cómo te preparaste físicamente para tanta exigencia?

-Vas entrando de a poco en la dinámica y la psicología del personaje. Lo bueno de estos procesos largos es que podés ir profundizando todo en el día a día.

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-Te lo preguntaba porque después hay que salir de ahí. Debe costar...

-Fue bravo. Estábamos agotados, trabajando 15 horas por día sábados, domingos y feriados también. Con tanto nivel de intensidad y compromiso, además de la perversión y toda esta oscuridad absurda, quedamos todos muy cargados.

-¿Cambió tu perspectiva sobre el período histórico abordado en la serie después de hacerla?

-Tuve que profundizar mucho más. De joven uno se deja llevar por discursos hegemónicos que te llevan de las narices y no te permiten reflexionar con los hechos sobre la mesa. Me obligó a estudiar mucho más y llegar a conclusiones más poderosas que me reservo. Lo que puedo decir ahora es que Perón buscó la paz hasta las últimas consecuencias e hizo lo imposible para lograrlo. Sigue teniendo vigencia aquello de que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino.

-Entre los propios historiadores hay revuelo, desacuerdos, idas y venidas...

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-Lo que pasó en Ezeiza, la Triple A, las internas dentro del propio peronismo. Todos tenemos que hacer un esfuerzo para entender las cosas de una vez por todas porque en definitiva queremos lo mismo: prosperar y vivir en una comunidad medianamente organizada y sin tanto conflicto. No podemos volver nunca más a este tipo de violencia en la Argentina.

-El ciclo vital de Gordon no se agota en la serie. ¿Ves abierta la puerta para una segunda parte?

-Sería muy divertida porque estaríamos asistiendo a la decadencia del personaje, a algo cada vez más grotesco. Un tipo agotado después de 40 años de estar en la clandestinidad.

-Trabajaste mucho en España en estos últimos años.

-Es muy lindo este vínculo con España, de larga data. Siempre hubo mucho intercambio entre el cine argentino y el español. Y me sentí siempre muy cómodo allá. Tengo muchos amigos y si hay laburo es bueno agarrarlo. En España son de otra forma, nuestro pueblo es mucho más apasionado y querendón. La casa de papel fue algo muy visto, pero en Madrid todavía puedo caminar más tranquilo que acá, los que me reconocen allá son los argentinos que viven en España.

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-Hiciste la película Mi amiga Eva con Cesc Gay, el director de Truman, y también una miniserie, Los sin nombre. Ninguna de ellas llegó todavía a la Argentina.

-La película es una historia romántica en la que interpreto a un personaje de mi edad que le genera un conflicto a la protagonista. Disfruté mucho hacerla porque pude volver a Italia. Y la serie fue otra experiencia muy buena que rodé en Barcelona. Me llevó a vivir seis meses allá, pero mi lugar está acá, no se puede cambiar lo inevitable.

-¿Y el teatro? ¿Sigue stand by, como nos contaste en 2023?

-El teatro requiere encontrar un material que te cautive lo suficiente. Ya va a llegar.