Sophia torna a Sorrento
Hace casi cincuenta años, el galanteador "mareschiallo" Antonio Carotenuto, que Vittorio De Sica había convertido en una figura familiar gracias a la serie "Pan, amor...", abandonaba los Abruzos donde la joven "bersagliera" Gina Lollobrigida le había quitado el sueño, y volvía a su natal Sorrento, no para recuperar el sosiego, sino para que en el espectacular paisaje de la Costa Amalfitana su corazón de tenorio encontrara nuevos motivos para entrar en efervescencia. La culpa era, esta vez, de una vendedora de pescado, verdadero monumento de belleza voluptuosa y fiero temperamento meridional.
Sophia Loren -era ella, claro- tenía entonces apenas veintiún años y le habían bastado unos pocos títulos ("Dos noches con Cleopatra", "El oro de Nápoles" y "Lástima que sea una canalla", especialmente), para competir de igual a igual con Gina por la representación internacional del sex appeal a la italiana. Era apenas el comienzo de una rivalidad en la que pronto quisieron intervenir también los grandes estudios de Hollywood.
No sólo Sorrento, sino toda la región -la Campania- ha estado bien ligada a la historia de Sophia. No nació allí, sino en Roma, el 20 de septiembre de 1934, pero pasó prácticamente toda su infancia en Pozzuoli, muy cerca de Nápoles, y la ficción la hizo regresar muchas veces, la primera de ellas para ponerse en el papel de la provocadora y traviesa "pizzaiola" de "El oro de Nápoles" (1954) que le confió Vittorio De Sica y que la condujo inmediatamente a la popularidad. En el mismo año, apareció entreverada en la familia de artistas que contaba con música la historia y las tradiciones de la ciudad en "Carrusel napolitano". Enseguida vino "Pane, amore e..." (1955), que aquí se conoció como "Pan, amor y Sophia Loren" y poco después fue trasladada por Mario Camerini a la Nápoles del siglo XVII para recrear en "La bella molinera" el clásico enredo de "El sombrero de tres picos" concebido por Pedro Antonio de Alarcón. Hasta el cine norteamericano -que había desaprovechado su belleza y su temperamento imponiéndole un glamour artificioso- la llevó de vuelta a la metrópoli partenopea en 1960 para rodar junto a Clark Gable una olvidada comedia turístico sentimental: "La bahía de los ensueños".
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Ultimamente fue Lina Wertmüller quien la hizo regresar varias veces. Con "Sábado, domingo, lunes" (1990), la llevó al Pozzuoli de la infancia; hace tres años, la dirigió en algunas escenas de "Francesca e Nunziata" rodadas en las cercanías de Nápoles. Y en estos días, el reencuentro es con los mismos escenarios sorrentinos donde filmó "Pane, amore e...": en la Marina Piccola y entre pescadores, ya que el papel que Sophia interpreta en esta oportunidad es el de una madura y bella napolitana casada con un corresponsal norteamericano con el que ha tenido tres hijos y que enfrenta inesperados problemas cuando el periódico decide repatriar a su marido por razones profesionales. El hombre, personaje a cargo de F. Murray Abraham, se resiste a abandonar a la familia y decide permanecer en la Costa Amalfitana, donde tratará de ingeniárselas como pescador.
El rodaje de "La casa de los geranios" no prolongará demasiado la presencia en Sorrento de la inextinguible estrella, que cumplirá los setenta en septiembre y piensa pasar ese día como cualquier otro, tal como lo ha hecho en sus últimos veinte cumpleaños. Estará apenas cuatro o cinco días, los suficientes para tener a todo el pueblo en estado de alerta y para poder comprobar que la ciudad "sigue intacta, bellísima", como en 1984, cuando filmó allí por última vez, "Qualcosa dei biondo", un melodrama sobre un chico ciego que quizás alguien recuerde sólo porque ella hacía de taxista o porque el pequeño actor del caso era Edoardo Ponti, el menor de sus dos hijos.
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