Tardío reconocimiento de "Il sorpasso"
El film que protagonizó Vittorio Gassman es el emblema de aquella brisa fresca que coló el cine italiano
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Durante mucho tiempo el prestigio histórico del cine italiano se cifró en el neorrealismo, el de De Sica, Zavattini, Rossellini, que quedó como el aporte más original que el país había dado al séptimo arte. Le dio tanta "marca" en el mundo como el western o el thriller a los Estados Unidos o la nouvelle vague a Francia. Esto ocurrió hasta hace poco, a pesar de que otro fenómeno cinematográfico del mismo origen, la llamada commedia all´italiana, llegó a conquistar el segundo puesto en el mercado internacional, después del cine de Hollywood, y el primero en Europa. Pero la comedia no entraba en consideración porque para los críticos y la intelligentzia era un género menor. Hoy se ha revertido el fenómeno: el último Festival de Locarno dedicó un homenaje a Mario Monicelli acompañándolo con la proyección de "La armada Brancaleone" (1966) restaurada, mientras que en el reciente Festival de Venecia se le confirió el León de Oro a Dino Risi, al tiempo que se presentaba una copia -también remozada- de "Il sorpasso", de 1962.
Un dato complementario revela la condición de cenicienta de este género: en sus 58 ediciones anteriores, Venecia jamás había seleccionado una película de Risi. Y, a la hora de hacer cuentas, la deuda es grave: antes de ser celebrado en el Lido veneciano, debieron pasar 40 años desde la noche en que "Il sorpasso" se estrenó en Roma, para luego cumplir una trayectoria internacional de recaudaciones pocas veces superadas por films del mismo origen. (En los últimos años, el récord histórico lo logró "La vida es bella", de Roberto Benigni.)
Un género singular
¿Qué cosa fue, en verdad, esa eclosión de alrededor de un millar de films que conformaron la exitosa commedia all´italiana? En una suerte de diccionario de consulta ("Le mille parole del cinema", 1985), el crítico Giovanni Grazzini formula una descripción clara de ese fenómeno que se extendió durante casi veinte años. Afirma que se trata de "aquel género nacido en Italia a fines de los años cincuenta, en parte con intenciones de crítica de costumbres y en parte como pura evasión, que incluye films de valores y compromisos diversos, pero todos ellos significativos documentos de la transición de la posguerra (en la que la pobreza caracteriza a los personajes) a una época de desarrollo económico en la que la alegría de vivir acompaña a las crecientes perspectivas del bienestar social ofrecidas a la pequeña burguesía del neocapitalismo".
Por cierto que "Il sorpasso", vista a la distancia, se ha convertido en emblema no sólo de aquel género, sino también en el documento visual-auditivo que mejor revela la eclosión de un estado de súbito bienestar socioeconómico de la cultura peninsular, después de los amargos años de privación de la posguerra. En 1962 Italia vivía, en efecto, una euforia de expansión y consumismo: fue la fiebre de los electrodomésticos, el turismo, la moda, los festivales de música, los temas bailables de Peppino di Capri y la exultante incitación a volar de Domenico Modugno, los shows de la TV, la diversión playera y, sobre todo, la pasión por los autos. La apoteosis de los nuevos "automovilistas ("i motorizzati") dio lugar a varias comedias. "Il sorpasso" fue la más notoria.
Pero, además, la de Risi era una gran comedia. Con una apariencia de entretenimiento veraniego, la acción -según el argumento de Ettore Scola y Rugero Maccari- presenta al inefable e incontenible Bruno, una creación de Vittorio Gassman que dio lugar a un arquetipo: el fanfarrón que hace sonar el claxon de su Alfetta Spider (una "máquina" que se convirtió en legendaria) y se burla de los demás automovilistas de la ruta adelantándoseles a toda velocidad (eso es, en Italia, un "sorpasso"), seduce mujeres y con su simpatía conquista a todo el mundo. En su paseo por los alrededores de Roma, en ese tórrido agosto arrastra a un pusilánime estudiante de derecho (Jean-Louis Trintignant), que resultará la víctima trágica de las bravuconadas automovilísticas de Bruno.
Grandes intérpretes
Pero en aquel 1962 hubo más. Fue un gran año para Italia. Aparte de las formidables recaudaciones que obtuvo con "Il sorpasso", Dino Risi se apuntó otro éxito -incluso de crítica- con "La marcha sobre Roma", una reconstrucción en tono de comedia sobre el violento ascenso del fascismo, de nuevo con Gassman (esta vez acompañado por Ugo Tognazzi), sobre la base de un admirable guión firmado -entre otros- por dos binomios de maestros: Scola-Maccari y Age-Scarpelli.
Ese mismo año la fascinación por el humor itálico llegó también a Hollywood: el Oscar al mejor film extranjero fue para "Divorcio a la italiana", la demoledora farsa del genovés Pietro Germi (1914-1974), una comedia intrínsecamente macabra ya desde su concepción: el Barone Cefal (una creación de Marcello Mastroianni) alienta a su mujer al adulterio para sentirse autorizado a asesinarla y desembarazarse de ella y darse a la caza de una joven y bella pariente (Stefania Sandrelli, en su debut). Lo extraordinario es que este asunto, en el guión original, había sido planteado como una tragedia, pero en la resolución práctica de las situaciones apareció el aspecto farsesco de la cultura siciliana: el delitto d´onore, esto es, una vez cometida una falta grave había una consideración especial... si se había tratado de salvar el honor. El mismo código penal reserva, para el delito de un crimen, una sanción considerablemente atenuada y hasta casi lo autoriza. Reemplazar el tono trágico por el de la farsa y elegir a Mastroianni para el personaje siniestro fue un golpe de inspiración.
Como en los films de Risi, en casi todas las producciones la elección del actor era un paso fundamental para la creación de las comedias. Hay un dato curioso: Mario Cecchi Gori, el productor de "Il sorpasso", había concebido ese entretenimiento para Alberto Sordi; es fácil imaginar que ese "Sorpasso" que no fue, con Sordi, habría resultado bastante distinto del que conocemos. Por una cuestión de personalidad, estos monstruos de la actuación eran determinantes de los resultados de las comedias.
Gassman, por caso, recuerda de "Il sorpasso" la secuencia en la que su incontenible Bruno baila con la mujer de un empresario en un restaurante de la ruta. "Y a mí me salió del alma algo impensado." Gassman-Bruno, en efecto, se separa un poco de su compañera de baile y, al ver el efecto arrobador de sus mimos, le espeta el inmortal comentario fanfarrón: "Modestamente..." El actor evoca ese rapto inefable: "Si entre mis muchísimos films yo tuviera que elegir uno, sería "Il sorpasso", porque aquel "Modestamente...", para mí fue mi Hamlet".
El reconocimiento oficial ha llegado tarde. El mismo Risi afirma que aquella comedia está muerta y no cree que logre resucitar "porque la sátira y la parodia sobre la actualidad hoy se hacen a diario por la TV: basta ver a los políticos".




