Wedekind y la edad de la inocencia
"Innocence" (Francia/Inglaterra, 2004). Dirigida por Lucile Hadzihalilovic. Con Zoé Auclair, Bérangère Haubruge y Lea Bridarolli. Guión: L. Hadzihalilovic, sobre "Mine-Haha", de Frank Wedekind. Montaje: Adam Finch. Diseño de arte; Arnaud de Moléron. Música de Leo Janácèk, Sergei Prokofiev, Pietro Galli y Richard Cooke. Presentada por CDI Films. Hablada en francés. Duración: 117 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Es evidente que la directora debutante Lucile Hadzihalilovic ha tenido gran cantidad de buenas ideas para su primera película. Algunas fueron plasmadas con todo éxito, aunque otras, llevadas a la pantalla, no rindieron el fruto esperado. Tal vez esto se deba a que no toda estupenda idea literaria es, a la vez, cinematográfica. Tal vez, a que al talento de Hadzihalilovic le falta todavía cierta gimnasia para ponerse a la altura de sus expectativas.
Por eso el resultado es tan ambiguo como el clima que pretende crear el film, aunque no tan penetrante y sugestivo.
La acción transcurre en un colegio internado de niñas de 6 a 12 años. Sólo dos profesoras parecen encargarse de su educación, dirigida, sobre todo, a la danza clásica. Tanto el ingreso de las nuevas pupilas como la salida al mundo de las que egresan se producen en circunstancias misteriosas. Por alguna razón, está prohibido salir del lugar, aislado en el bosque y rodeado por altos muros, durante todos los años que insume la enseñanza.
La raíz literaria de "Innocence" es una novela del alemán Frank Wedekind (1864-1918), titulada "La educación corporal de las niñas". Las sutiles insinuaciones de un despertar sexual que todavía no se concreta dieron motivo a Wedekind para construir varias de sus obras. En otras, el peso de lo erótico fue más contundente. Entre estas últimas está "La caja de Pandora", magistralmente llevada al cine, en 1928, por G. W. Pabst.
Ha dicho la directora de "Innocence" que fue su intención, al reelaborar el material, mostrar el colegio y lo que allí ocurre desde la perspectiva de las chicas. La mirada infantil, todavía no invadida por la lógica adulta, está más lejos de lo que solemos llamar realidad y admite como algo natural lo que solemos llamar surrealismo.
Esa intención fue una de las buenas ideas de las que hablábamos al principio. Se intuye que las niñas sospechan que algo extraño ocurre en el colegio. ¿Ocurre de verdad? ¿Son esas excursiones nocturnas de las más crecidas señal de peligro o sólo ensoñaciones de las más pequeñas? La película no pierde tiempo en explicaciones, confiando en que el espectador llenará a su gusto y entender los espacios vacíos.
Como propuesta, es muy atractiva: por un lado, la pureza, representada por 25 criaturas angelicales colocadas como en una campana de cristal, lejos de cualquier agente contaminante. Por el otro, la vaga sospecha de que el demonio puede atacar en cualquier momento. Y siempre la indefinición, la falta de mayores precisiones.
Claro: para sostener un clima semejante hay que ser un artista consumado. De lo contrario, el interés se diluye y sólo reaparece en ciertas y determinadas escenas. Eso es lo que ocurre con "Innocence": resulta un poco inconsistente, pierde densidad en largos pasajes de sus de por sí largos 115 minutos. De tanto en tanto, aparece el talento de la realizadora, que es innegable: en la historia de Alicia y su huida del colegio y en la de Bianca, en el punto de ruptura entre la niñez y la adolescencia, hay momentos difíciles de olvidar.
Que sean tan bellos esos momentos es también mérito de una fotografía y una dirección de arte estupendas. Es posible que haya pasado mucho tiempo desde la última vez que en nuestros cines hayamos visto un film tan satisfactorio desde el punto de vista de las imágenes. También son destacables ciertas notas de espontaneidad con que las pequeñas actrices quiebran el tono en general hierático y distante de los papeles que les asignaron.
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