
Carrozas de fuego fue consagrado como el mejor film de 1981 sin estar en los pronósticos hasta el tramo final de la temporada de premios; derrotó a Reds, la película que Warren Beatty imaginó como su gran consagración
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Hablar de la temporada alta de premios en Hollywood como una carrera que tiene al Oscar como meta y punto de culminación es a esta altura casi un lugar común, pero la frase nunca llegó más lejos en su sentido literal que a principios de 1982, cuando Carrozas de fuego (Chariots of Fire) se convirtió en la inesperada ganadora del premio a la mejor película en la ceremonia más importante del año para la industria del cine.
