
El valor de la palabra

Ernani, ópera de giuseppe verdi / Dirección musical: Juan Casasbellas / Puesta en escena: Crystal Manich / Escenografía: Noelia González Svoboda / Vestuario: Emilia Tambutti / Iluminación: Rubén Conde / Elenco: Nazareth Aufe (Ernani), Monserrat Maldonado (Elvira), Lisandro Guinis (Don Carlo), Sávio Sperandio (Don Ruy Gómez de Silva) / Producción de Buenos Aires Lírica / En el Teatro Avenida.Nuestra opinión: Muy buena
La historia cuenta que el día que se estrenó Ernani en Venecia, allá por 1844, todo salió mal: el tenor quedó afónico por pelearse con la producción, la soprano actuó de mala gana porque sentía que el rol no estaba a su altura, y hasta faltaban terminar los trajes y la escenografía. A pesar de todo, la música de Verdi superó las desventajas de la representación y logró que la ópera romántica penetre en el gusto de los melómanos de la época.
¿Qué habría ocurrido si hubiese salido todo bien? Seguramente una ejecución muy parecida a la que ofrece Buenos Aires Lírica esta temporada.
Los cuatro actos están atravesados por el virtuosismo de los cuatro protagonistas sumado al excelente trabajo que Juan Casasbellas logró en la amalgama entre el coro y la orquesta.
Las actuaciones de los intérpretes estuvieron a la altura de una puesta clásica, con gran sensibilidad, minuciosa en la atención a los giros dramáticos. Sólo al final del tercer acto se presencia un momento de luz y alegría: el magnánimo rey devenido emperador perdona, con generosidad, la vida de los enamorados que se prometen felicidad eterna. Pero claro, el romanticismo jamás hubiese permitido la concreción de tal voluntad.
El primer acto estuvo intervenido por el aplauso del público entusiasmado ante el reconocimiento de la calidad vocal de cada uno de los intérpretes. A cada aria le seguía una aclamación, y fue especialmente vigorosa la que se le dedicó a la soprano paraguaya Monserrat Maldonado al finalizar "Surta e la notte", en la que ya prometía ponerse en la piel de una Elvira memorable. Y sin duda, con su voz robusta y armoniosa cumplió con creces. Por su parte Nazareth Aufe (Ernani) cumplió su rol con gran competencia: su afinación y musicalidad sólo hacían desear un poco más de caudal, para que sus líneas no corrieran el peligro de solaparse con la orquesta o la voz de su partenaire.
Sávio Sperandio ha dado vida al resentido y vetusto prometido de Elvira, con una calidad vocal profunda e impecable y una más que persuasiva actuación. Por último, el barítono Lisandro Guinis encarnó con enorme naturalidad al rey Don Carlos, en un papel idóneo para sus características físicas y su capacidad de explorar los matices de su cuerda.
En los dramas verdianos no sólo se encuentran temas universales, sino también cuestiones temporales y culturales. Una de estas últimas es el valor de la palabra en cualquiera de sus dimensiones, incluso cuando implique una condena a muerte. Afortunadamente hay puestas, como ésta de Balca, que nos permiten acceder y transitar junto a los personajes tragedias que hoy serían prácticamente inimaginables.
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