
Ganó en 1995 el Oscar al mejor guion por la adaptación al cine de Sensatez y sentimientos, pero también merecía con creces llevarse ese año el premio a la mejor actriz protagónica para el que estaba nominada.
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El Oscar todavía no fue del todo justo con Emma Thompson. Reconocer con ese premio a los dos mejores personajes que la actriz londinense le dio al cine en algo más de tres décadas de carrera hubiese sido lo más cercano a la verdad.

