
La carrera artística de Julia Roberts cambió por completo cuando se convirtió en Erin Brockovich, un personaje de la vida real que luchaba por hacer justicia mientras hacía frente a una vida muy complicada como madre de tres hijos; ganó su único Oscar y empezó a ser reconocida desde otro lugar
“Me gustó mucho hacer esta película ¡Y no solo porque tuve que mostrar el escote por primera vez en toda mi vida!”. Julia Roberts sorprendió (y cautivó) al pequeño gran mundo de Hollywood con estas palabras el 16 de enero de 2001, en el comienzo exacto de la temporada alta de premios. Todos la escuchaban, bien protegidos del rudo frío invernal neoyorquino, en el Tavern on the Green, uno de los más tradicionales e históricos restaurantes de Manhattan, emplazado en pleno Central Park.

