
Medio siglo después, Garganta profunda sigue provocando fascinación, con documentales y películas dedicados a contar la rocambolesca historia de su creación, el meteórico salto a la fama de sus protagonistas y los eternos problemas judiciales que experimentaron
Existe un puñado de películas que definen toda la experiencia cinematográfica (suena cursi “séptimo arte”, pero digamos “del séptimo arte”). Sin ellas, no existiría el cine tal cual lo conocemos. Por ejemplo, El nacimiento de una nación (D.W. Griffith, 1915) que, básicamente, sistematizaba el lenguaje propio de la pantalla. Por ejemplo, El ciudadano, que, básicamente, rompe la “transparencia” del modelo narrativo clásico para inventar -sin proponérselo- el cine moderno. Por ejemplo, La guerra de las galaxias, que mostró que podía desarrollarse tecnología específicamente con fines de espectáculo cinematográfico.

