
La condensación de la materia
De materie. concierto escénico Louis Andriessen / Dirección musical: Peter Runde / Dirección de escena: Heiner Goebbels / Intérpretes: Oriana Favaro, Robin Tritschler, Analía Couceyro, Nonsense Ensamble Vocal de Solistas, Sigma Project y la Orquesta Estable del Teatro Argentino / En el Teatro Argentino de La Plata.
Nuestra opinión: buena
El paso de la materia del estado gaseoso al líquido nos obliga a percibirla de otra manera, aunque siempre tenga la misma composición atómica. Esto ocurre también en De materie, cuya puesta -responsabilidad de Heiner Goebbels- fue concebida originalmente para un espacio no convencional y, en su estreno latinoamericano, tuvo que sufrir un proceso de transición para convertirse en un concierto escénico intervenido en un teatro clásico.
Es una obra en cuatro episodios sin continuidad narrativa, que explora la relación entre el espíritu y la materia. Multidisciplinaria, fragmentaria, llena de tópicos musicales y textos (mayormente referenciales a la historia holandesa), el abordaje de esta obra no podía resultar sino complejo. Este desafío seguramente se equiparó con el trabajo que el director Peter Rundel realizó en un tiempo escueto de ensayo para la singularidad de semejante partitura que él conoce bien.
En el primer episodio se presentan estructuras desnudas en un carácter industrial, que articula visualmente un texto sobre la construcción de los barcos y ensayos tempranos sobre la constitución de la materia. La idea del todo compuesto por partes está presente constantemente. En este contexto Nonsense ya se erige como uno de los intérpretes más sólidos de la noche, junto a la sección de placas de la orquesta. Robin Tritschler se pone en la piel del filósofo, teólogo y atomista Gorlaeus, en una interpretación propia de un artista que ya conoce perfectamente su rol.
La segunda sección cuenta con la magnífica interpretación de la soprano Oriana Favaro, que se pone en la piel de Hadewych, una religiosa que le canta al amor desde una perspectiva erótica. En esta actuación cuesta no abrazar el dramatismo, ayudado por el trabajo de iluminación tenue y acompañado por la orquesta tras un oscuro velo. La tercera sección genera una colisión brutal con la anterior: desaparecen las cuerdas frotadas y la orquesta -al estilo big band- ejecuta los compases de un boogie woogie contemporáneo.
La última sección (esperada por la intriga de cómo se resolvió la participación de las ovejas de la puesta original) pone en el centro la intervención del video con un enorme proyector y una pantalla que muestra imágenes de devotos religiosos tocando una imagen que nunca se muestra. En una reflexión primera el video sugiere una conexión escolar, casi agraviante en su sencillez, entre los signos oveja-devoto. Si se va más allá, quizás estemos presenciando el registro en el que el espíritu se hace materia, en el que la fe se convierte en imagen sensible. Al final de la obra somos testigos del peregrinaje espiritual de Marie Curie, quien atraviesa el duelo de la muerte de su marido.
La iluminación se plantea como un componente cohesivo en el devenir de los cuatro episodios aislados. La desarticulación de la narratividad y la colisión de lenguajes artísticos acercan la memoria a la teoría cinematográfica del montaje de atracciones, en la que el espectador no se obnubila con el argumento, sino que es interpelado por la exploración de las uniones simbólicas entre los elementos por parte del director. Si los elementos varían, así también lo harán las conexiones entre ellos: la puesta original ha condensado en la apariencia de otra obra que hace que, por momentos, deseemos a las ovejas.
1
2En fotos: de la sorpresa de Matt Damon y Luciana Barroso a Ben Affleck al llamativo look de Sarah Jessica Parker
3El trágico desenlace de Javier Portales: arrasó en la TV durante treinta años, pero murió en la ruina
4Le diagnosticaron cáncer de útero, pasó por más de diez cirugías y anunció que será mamá: “Busqué otro camino”
