
La osadía musical en su punto justo
Written on skin, ópera / Música: George Benjamin / Libreto: Martin Crimp / Dirección musical: Lucas Urdampilleta / Dirección de escena: Cristian Drut / Elenco: Jaquelina Livieri (Agnés), Hernán Iturralde (El Protector), Flavio Oliver (Ángel 1: El joven), Eugenia Fuente (Ángel 2: Marie) y Carlos Natale (Ángel 3: John) / Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde / Iluminación: Alejandro Le Roux / En el Teatro Argentino de La Plata / Nuestra opinión: excelente.
Un acierto tanto como una audacia fue la elección del estreno latinoamericano Written on Skin (Escrito sobre la piel) como cierre de la temporada lírica del Teatro Argentino de La Plata. Ésta es una ópera contemporánea, estrenada hace cuatro años en el Festival de Aix-en-Provence, con elementos convencionales propios del género (no falta la heroína que evoca a Tosca, Cio Cio San y tantas otras) que tejen lazos con el público habituado a la lírica tradicional. Pero esta obra también abraza recursos estéticos que refuerzan su condición de emergente de esta época, poniendo en relieve su vaivén entre dos temporalidades: los sucesos funestos de un triángulo amoroso situados en el siglo XII, y las acciones y los comentarios de ángeles del presente contemporáneo. Tanto Lucas Urdampilleta con el trabajo de la orquesta como Cristian Drut desde la puesta en escena han sabido explorar y explotar los diversos lenguajes que constituyen este drama mórbido y complejo.
Written on Skin se basa en una narración de Guillem de Cabestany, que relata el infortunio de una relación adúltera: el violento Protector, su joven y analfabeta mujer Agnés, y un joven artista/ángel (contratado para realizar el libro de la familia), sucumben ante la desgracia que desata el amor prohibido de estos dos últimos. Crimp conecta, a través de su texto, este pasado casi legendario a nuestro presente a través de los ángeles y sus comentarios. El libreto nos sitúa otra vez en una dualidad: en esta oportunidad se da entre el diálogo y la narración. Los personajes comentan sus propias acciones, lo que provoca una eyección constante del espectador y una imposibilidad de identificación con sus desgraciadas situaciones. Éste fue un punto destacable en la actuación de los protagonistas, que con clara dicción y proyección han logrado establecer la alternancia de narración y diálogo con gran naturalidad.
En buenas manos
La soprano Jaquelina Livieri supo encarnar con excelencia en su capacidad vocal y gran presencia escénica a Agnés, un personaje de gran exigencia que sufre transformaciones drásticas e intensas. El barítono Hernán Iturralde dio vida al vil Protector con un robusto despliegue sobre su cuerda, y el contratenor Flavio Olivier (El joven/Ángel) por su parte realizó un prolijo trabajo de técnica vocal -sobre todo en los graves-, y con su lenguaje corporal aportó fluidez al escenario. Eugenia Fuente (Ángel 2) y Carlos Natale (Ángel 3) completaron un impecable reparto.
Bajo la dirección de Urdampilleta, la orquesta logró una actuación equilibrada que en ningún momento avasalló a los cantantes. Se pudo evidenciar la excelente factura de la partitura de Benjamin, en la que se entretejen tópicos sonoros que remiten a un pasado musical casi mítico (a partir de procedimientos e instrumentos propios de la música antigua) y a un presente que se apoya mayormente en la armonía con tintes impresionistas sin audacias experimentales.
La puesta de Drut ha logrado, con economía e inteligencia, interpretar espacialmente la concepción temporal de la obra. Andamios de metal que rodean una habitación despojada, en la que el presente asedia el relato del pasado hasta que finalmente el joven (asesinado por su enajenado empleador sobre un auto) reaparece como un ángel y relata el suicidio de la heroína. El espacio escénico, que durante la tragedia conforma las vastas tierras del Protector, termina siendo (luego de una magistral maniobra de iluminación) un estacionamiento ordinario: las siluetas recortadas de estructuras desnudas, un auto, el cartel luminoso azul y el cuerpo del Agnés siempre cayendo. En este punto final la puesta direcciona la atención a las primeras palabras de la ópera, en la que el juego de los ángeles vuelve a comenzar: "Borren del mercado el estacionamiento de los sábados, hagan desvanecer a los vivos, traigan al muerto nuevamente a la vida".
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