
Charlas, música y recetas; el cantante estrenó un ciclo de programas con invitados como León Gieco, Sandra Mihanovich y Soledad
A Juan Carlos Baglietto se lo conoce principalmente por su voz —tiene más de veinte discos publicados— y, en la trastienda del mundo del espectáculo, por su pasión por la iluminación de shows y diversos escenarios. De hecho, creó hace décadas una empresa de iluminación que le puso luz a cientos de conciertos y programas de TV. Pero lo que apenas se conoce es su placer por la cocina. Le han hecho propuestas culinarias, desde poner un restaurante hasta participar en realities de cocina de famosos. Pero no aceptó. Recién en el último tiempo canalizó esa pasión a través de un ciclo que se estrenó en YouTube y que fue bautizado como Baglietto & Cocina.
Pero no se trata solo de cocinar. Desarrollado por la productora rosarina Marga TV, se apoya en tres bases: la cocina, la música y la charla. Ya estrenó dos capítulos: el primero con Nahuel Pennisi y el segundo con León Gieco. Y cuenta ya en agenda, charlas cocinadas y cantadas con Cuti y Roberto Carabajal, Soledad, Sandra Mihanovich y Silvina Garré, entre otros.

La combinación de charla, música y comida diferencia al ciclo del típico programa de cocina donde todo se ve prolijamente acomodado sobre una mesada, frente a las cámaras de un estudio de televisión. Acá no, en Baglietto & Cocina todo es mucho más espontáneo y cercano. Y el plus es que, por ejemplo, se puede ver al anfitrión y a Gieco haciendo las compras por las calles de Cañada Rosquín, el pueblo santafesino donde nació León. Sibaritas, pero del arte más popular, porque la perla de ese almuerzo compartido puede ser el mejor dulce de leche o un chorizo hecho (estacionado) en grasa.
“No soy conductor ni entrevistador. Pregunto y cocino, porque lo hago todos los días de mi vida desde hace muchos años. Quizás si no lo hiciera y me metiera en un formato que incluye cocina, sería muy forzado. Pero tengo la costumbre de cocinar, me sale naturalmente. Y pregunto desde el sitio de colega. Con algunos más, con otros menos, somos amigos o tenemos una relación de muchos años. Entonces, de pronto conocemos cosas de nuestras historias que no son las públicas. Y eso es, un poco, lo que se pretende a la hora de charlar y de cocinar”.
El ciclo no comenzó con una lista cerrada de entrevistados ni recetas. De hecho, Baglietto prepara lo que sus invitados eligen, apelando a la memoria emotiva de cada uno. “Exacto. La memoria emotiva de la comida, digamos. Porque siempre hay algo que a uno lo atraviesa. Incluso, la propuesta es: ¿Qué querés que cocinemos juntos? La comida tiene que ver con cómo fuiste criado, con lo que tuviste y lo que te faltó. Ese es el punto de partida. En el caso de León fue el pollo frito con ajo y perejil que le hacía su mamá; en el caso de Nahuel, la pizza de su papá“.
Si Nahuel Pennisi parecía un chico jugando a meter las manos en la masa para la hacer pizza, la misma sensación transmite Juan al repasar momentos de los programas que ya grabó.
“Me entusiasma mucho el proyecto porque, además, no surge de una productora que busca a alguien para hacer un formato de programa que ya tiene armado. Fue al revés”.
-Y contás el entorno...
-Claro, vamos a comprar lo que vamos a cocinar. Aunque no nos detenemos en eso, también la idea es visibilizar la fábrica de dulce de leche o al tipo que sigue haciendo algo que no se hace más, el chorizo con grasa.
-Te estás imponiendo un desafío porque, de algún modo, competís con los recuerdos de cocina de cada invitado.
-No, contra eso no hay competencia posible. El próximo que sale es el de Silvina [Garré]. Jamás esas milanesas van a ser como las de su mamá. Por eso trato de reversionar. Hay anécdotas muy lindas de los programas que ya están grabados.
¿Por ejemplo?
-Los hermanos Cardozo, Yamandú, Tabaré y Martín, de la murga uruguaya Agarrate Catalina, se vinieron hasta un pueblo que está cerca de Rosario para grabar el programa. Unos campeones. Tabaré me contó que era muy mañero de chico para comer. Tenían un tío muy fantasioso que le contaba historias; que había estado con los indios y le mostraba flechas, que cazaba pumas. Y un día, para que comiera pollo, el tío le dijo que le había hecho guiso de puma. Toda una aventura. Y un día fue a la casa de un compañerito del colegio, le sirvieron pollo y dijo: “Wow, puma, espectacular”. Por supuesto, hicimos estofado de pollo con los Cardozo. Está bueno que eso sea el disparador. Con la Sole, por ejemplo, hicimos bagna cauda.
-Me ha contado por ahí que alguna vez, estando de gira, tomaste la cocina de un restaurante o de un hotel, para hacer un almuerzo o una cena.
-Sí, fueron varias veces [dice con sonrisa de niño frente a su picardía]. Pero lo que hicimos fue pedir permiso. Alguna vez tuvimos algún día libre en medio de una gira y tomamos por asalto la cocina de un restaurante o de un hotel y cocinamos estofados, guisos o incluso bagna cauda, para la monada.
-¿Para la gente que viaja con vos, músicos, técnicos?
-Sí. Siempre para nosotros. A veces alguno me ayuda.
-¿Nunca un restaurante propio?
-Me lo han propuesto. Pero una cosa es cocinar para la gente que uno quiere, como ofrenda, como acto de entusiasmo puro y de disfrute, y otra es hacerlo por obligación. Además, la gastronomía es una cosa muy sufrida. Lo tengo presente por amigos y amigas que han tenido restaurante. No es lo que te muestran por televisión los chef, que tienen sus infraestructuras.
-¿Cocinar en un reality de tevé tampoco?
-Me propusieron muchas veces participar en programas de canto, hasta que dejaron de proponérmelo por tantas veces que dije que no. Y una vez me llamaron para un reemplazo en MasterChef, pero tenía que suspender shows y también dije que no. Tengo, por suerte, desde hace muchos años, laburo programado con bastante antelación. Por eso les dije que no. Lo que pasa es que una vez que vos decís que sí, decís que sí a todo. Ponerte la peluca o vestirte de beduino. Y la verdad que a mí lo que me interesa es disfrutar de la cocina. Por otro lado, en esos programas vos tenés que exponer lo que sos al máximo nivel y hay cosas que uno las guarda para uno.

-¿De dónde viene la pasión por la cocina?
-Me crie en el seno de una familia de clase media popular donde nunca faltó ni sobró. Y donde el centro neurálgico de la casa era la cocina y donde se hablaba de comida inclusive. Mi mamá cocinaba, mi tía que vivía en la casa de adelante pero estaba siempre con nosotros, también cocinaba; y nosotros, los cuatro hermanos, salimos entusiastas de la cocina. La realidad económica no era para andar comprando langostinos. Mi vieja hacía unos platos espectaculares con arroz blanco, un paquete de acelga y cebolla. Eso era ser ingenioso en la cocina y la cocina era tema de conversación en la mesa. ¿Me gusta? ¿No me gusta? ¿Cómo hiciste esto? Eso se va incorporando como parte de la educación. Durante la pandemia, con Paula, con mi mujer, hicimos todo un ciclo de cocina reciclada. Con lo que dejaste de un día, cocinás al día siguiente y reformulás eso. Dignificar las sobras. Fue muy interesante.
-¿Qué te desafía más, hacer un plato diferente para el cual se requiere de dinero, o lograr algo rico con lo que ya se puede encontrar en la heladera?
-Me gustan las dos cosas. Por un lado, ver cómo me confronta la heladera; por otro, aunque no me hago el exótico, me desafío a que me salga lo mejor. Y a veces vas al Barrio Chino y comprás cosas que no sabés cuándo las vas a usar, pero, en general, como soy una persona más o menos inquieta y atenta, por lo menos en ese aspecto, en los otros soy un desastre, me gusta tener de todo. Me encantan los picantes, hago mis picantes, y me gusta tener especias surtidas. Porque también eso te abre un poco la cabeza. Todo tiene alguna posibilidad de reversionarse o de encontrar una vuelta distinta.
-Como la música. Vi que cierra los programas.
-Sí, y me encanta que surjan versiones que no son las más conocidas, sencillas, pero de alto valor artístico.
-¿Sin ensayo?
-Sí, solo nos ponemos de acuerdo antes en lo que vamos a cantar. No tienen sobregrabaciones ni nada.

-Y suenan muy bien a pesar de que los espacios no siempre tienen la mejor acústica.
-Eso es por Adrián Charras, que es pianista, acordeonista y además ingeniero de grabación y tiene un estudio. Usamos pocos elementos.
-Además, los invitados son tus colegas de la música, no cocineros y cocineras profesionales.
-Sí, esto es un programa de cocina popular donde nos podemos dar ciertas licencias para cocinar algo un poco fuera de lo común, pero sin decir “mirá qué groso lo que estoy cocinando”.

