
Originalmente se denominó así a obras que implicaban una serie de movimientos independientes, cada uno de ellos una danza; luego significó una reformulación de obras escénicas para concierto, algo que con el correr de los siglos llegó a incluir a la música original para películas y, hoy en día, el género goza de buena salud, liberado de los corsés estructurales
Si, musicalmente, el Renacimiento tuvo sus orígenes en diferentes geografías europeas, el Barroco es, definitivamente, de cuna italiana. Al pasar lista a los nombres de los géneros y las formas que nacieron desde poco antes o después de 1600 nos encontramos que todos son en italiano: opera, cantata, recitativo, sonata, aria, concerto grosso, basso continuo, sinfonia, oratorio, toccata, etc. O casi todos, ya que hay uno que es en francés. Desde comienzos del siglo XVII, desde París, apareció la suite. Este vocablo tiene muchas acepciones, una de ellas, serie. Así, en el terreno musical, el término suite fue aplicado a obras que implicaban una serie o sucesión de breves movimientos independientes, cada uno de los cuales era una danza. Despojadas de sus coreografías y conservando sus patrones métricos, sus figuras rítmicas y sus aires originales, las danzas pasaron a ser músicas para ser escuchadas.

