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Una de las composiciones más célebres de Ludwig van Beethoven, "Para Elisa", quedó fuera de catálogo al publicarse de forma póstuma recién en 1867: su nomenclatura "oficial" es Bagatella para piano en la menor, WoO 59, “Para Elisa”, escrita en algún momento entre 1808 y 1810
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Qué significan los “opus” y por qué ni Vivaldi ni Beethoven se molestaron en ponerle títulos a sus obras

Para individualizar a cada una de las obras, bautizadas con nombres genéricos, a partir del siglo XVI comenzó a numerarlas siguiendo en principio el orden de publicación; este intento de orden trajo otros problemas de nomenclatura para creaciones vocales o inéditas a la muerte del compositor, como ocurrió con “Para Elisa”

Para individualizar a cada una de las obras, bautizadas con nombres genéricos, a partir del siglo XVI comenzó a numerarlas siguiendo en principio el orden de publicación; este intento de orden trajo otros problemas de nomenclatura para creaciones vocales o inéditas a la muerte del compositor, como ocurrió con “Para Elisa”

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Las canciones de Charly García, los tangos de Troilo, los dramas de Shakespeare, las pinturas de Kandinsky o los poemas de César Vallejo son reconocibles, sencillamente, por sus títulos. Pero identificar las obras de música clásica es un tanto más dificultoso. Por ejemplo: para que fueran interpretadas por las pupilas del Ospedalle della Pietà, en Venecia, a lo largo de casi cuarenta años, Vivaldi escribió veintiún conciertos para violín y orquesta en Fa mayor y todos ellos portan el mismo título, “concierto para violín y orquesta en Fa mayor”. ¿Cuál es cada uno? El mismo caso se da también con los ciento veintitrés tríos para baritón, chelo y viola que Haydn compuso en Viena para entretenimiento de su patrón, el príncipe Nikolaus Esterházy, un aficionado que tocaba aquel extraño instrumento muy similar a la viola da gamba. Este tipo de observaciones puede repetirse infinitamente con casos similares, sobre todo si el título de una obra es meramente genérico, como son las sonatas, los tríos, los conciertos o las sinfonías. Para poder reconocer de manera fehaciente a ese tipo de obras se reveló como imprescindible agregar alguna señal o algún número al título para que pudiera ayudar a identificarla como única y particular. El primer intento fue con el opus, palabra que, en latín, simplemente, significa “obra”.

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