
Daniela Milagros: es pariente de Discépolo, fue bendecida por Slash y dejó la música clásica por el rock
La multiinstrumentista de apenas 21 años sigue presentando su primer álbum, Attention Attention, donde fusiona el rock y el pop acompañada de una poderosa banda dirigida por su hermano

“Nunca me enamoré”. Así, con esa confesión digna de una revista del corazón, Daniela Milagros resume el motor que la impulsó a escribir las canciones de su álbum debut, Attention Attention, que define como un “mini journal” en el que volcó “la montaña rusa de emociones” que fue sintiendo en los últimos años, cuando empezó a componer con su hermano, el guitarrista Rodrigo de Miguel, con quien encontró el sonido que más la identifica, que empezó en la música clásica y viró hacia una efectiva fusión de pop y hard rock clásico.
“Más que nada hablo de amor, desamor y enojo, de cosas que me pasan o que me gustaría sentir”, explica la multiinstrumentistas que con apenas 21 años se presentó en los festivales más importantes del país y teloneó a artistas internacionales de primera línea, entre ellos a Slash, que la eligió especialmente para abrir su show en el Movistar Arena en 2024. El 18 de octubre presentará este primer disco en Lucille, donde promete adelantar material nuevo y tocar muchos instrumentos, desde el piano hasta el keytar, que es el teclado que se cuelga en el hombro que acá popularizó Pablo Lescano.
–¿Cómo fue la experiencia de grabar un álbum con apenas 20 años?
–Fue un proceso largo porque soy muy perfeccionista. Significa mucho para mí porque están las primeras canciones que compuse con mi hermano y una siempre se imagina cómo va a ser ese primer disco. Salió en vinilo y es una locura verlo así, agarrar el arte y ver la obra completa. Me vengo formando profesionalmente hace muchísimos años y siempre me preguntaba cómo sería componer canciones. Era algo que lo tenía reprimido. Me daba vergüenza, hasta que después aprendí. ¿Vergüenza de qué tenía que sentir, si es lo más lindo que hay? Mi hermano también descubrió esa parte de él, así que nos juntamos para hacer música.
–¿Cómo se dio esta relación artística entre ustedes?
–Nos llevamos diez años. Yo tengo 21 y él 31 y desde chiquitos siempre fuimos como gemelos. Tengo más hermanos, pero con él soy inseparable. Me cuida como un papá desde que nací. Conectamos porque empecé a hacer canciones a los 13 o 14 años y a él, que estudió cine, le encantaba dirigir, producir y editar videoclips. Se nos ocurren ideas muy locas, como meternos en un hospital abandonado, un orfanato o un palacio y hacer personajes, como un vampiro. Un día le dije que quería hacer la versión de Marilyn Manson de “Sweet Dreams (are made of this)” y que él apareciera en el video tocando la guitarra. Lo hicimos y sentimos que éramos buenos juntos, así que yo me empecé a desviar al rock, que era lo que él tocaba. Así fusionamos nuestros estilos para hacer rock-pop. Hoy seguimos tocando en vivo esa canción, que fue la que nos unió.
–¿Cómo es que se fueron a vivir juntos para poder hacer canciones?
–Nosotros somos bichos de la noche, entonces nos juntamos a las 3 o 4 de la mañana, y eso no puede pasar si vivimos separados. En cualquier momento, no importa el horario, estamos buscando ideas, ya sea de videoclips o de música. A veces lo escucho a las 7 de la mañana con la guitarra, que es el instrumento con el que suele componer, y más tarde viene y me dice: “Se me ocurrió esto, ¿lo querés seguir?”. Así es cómo arrancan nuestras canciones. A veces yo hago algo en piano y voz y le pido que lo lleve para donde quiera. No nos sentamos los dos juntos a componer porque nos agarramos a las piñas (risas). Es algo que ya intentamos y nos terminamos peleando. Entonces, ya tenemos nuestra manera de hacerlo, cada uno por separado, y nos complementamos.

–Sos muy joven y tocás muchos instrumentos. ¿Cómo nació esa pasión por la música?
–Puede ser que lo tenga en la sangre porque soy sobrina bisnieta de Enrique Santos Discépolo y tanto mi abuelo como mi bisabuelo eran cantantes. Al nacer, mi mamá me dijo que me ponía música clásica y siendo un bebé me ponía a llorar de la emoción. Después, a los tres o cuatro años, le decía que quería clases de baile, de canto, de piano. Quería todo lo artístico, quería saberlo todo, me llamaba mucho la atención. Cuando iba al colegio, en los conciertos de fin de año me ponían adelante porque cantaba mejor, aunque me hacían bullying; nunca entendí por qué. Desde chiquita supe que la música iba a ser lo mío. Nunca tuve que preguntarme a qué me iba a dedicar. Siempre fue la música, y si quería ser buena en eso, tenía que conocerla en profundidad. Me puse como meta aprenderla como debe ser, tener una formación clásica con lenguaje musical y lectura de partituras. Arranqué con el piano, que lo considero mi instrumento. No sé cómo después pasé al bajo. Intenté tocar la guitarra y no conecté. Después me puse con la batería y el keytar. Ahora estoy tomando clases de saxo. Me hace sentir bien saber tanto y es muy divertido pasar por todos esos instrumentos durante un show. Me llena muchísimo el alma.
–O sea que tu primer amor fue la música clásica…
–Me presenté a una audición para el Teatro Colón. Me acuerdo que al principio no quería ir, que me levanté de una siesta y le dije a mi mamá que no había forma de que quedara porque competían un montón de chicos y elegían solo a siete. Al final ella me insistió para que vaya a tener la experiencia, pero yo ya había ido con el no en la mente. Me hicieron cantar delante del coro del Colón “El fantasma de la ópera”. El director tocaba el piano. Al terminar, nombran a los seis elegidos y a mi mamá se le acerca y le pregunta: “¿por qué no me trajiste a Daniela antes?”. Yo no lo podía creer. Ahí empecé a ir todos los días a ensayar, y después estaban las funciones de ópera, las giras y no pude ir al colegio presencial, no había tiempo. Entonces ahí empecé a hacer la escuela por internet, aparte de tomar clases para formarme en la música. Por ahí tenía una clase de piano, una de canto y después iba cinco horas a ensayar hasta las diez de la noche.
–¿Cómo fue que dejaste la música clásica para dedicarte al pop y al rock?
–Amaba la música clásica. Estudiaba y leía partituras de Mozart, Chopin y Bach. Todo ese mundo me sigue encantando porque en los shows siempre voy al piano y toco algo de Beethoven o incluso de Piazzolla. Pero después de tantos años, no me encontraba en lo clásico. Escuchaba a mi hermano tocar rock y metal en la guitarra y pensaba: “eso sí que se siente”. En el rock podés ser libre, podés ser vos, es más auténtico. Me sentía más atraída a ese género que al clásico, donde tenés que tocar exactamente igual a la partitura y no podés cometer ningún error. Creo que eso me hizo muy perfeccionista. Cuando arranqué a componer las canciones de Attention Attention no me dejaba pasar una y eso me estresaba, me hacía mal, y es música, uno la tiene que disfrutar. Así aprendí a no darle importancia a imperfecciones, que no son errores, sino que son detalles que antes me volvían loca y que ahora si se sienten bien, los dejo pasar. Además, el rock y el pop me encantan mezclados. Queen y Lady Gaga son los artistas que me marcaron.

–A vos te eligió Slash para abrir el show que dio con Myles Kennedy and The Conspirators en su última visita a Buenos Aires, en 2024. ¿Qué recordás de ese momento?
–Soy fan de los Guns n’ Roses desde muy chiquita. El ídolo de mi hermano es Slash. De hecho, se compró la guitarra Gibson Les Paul Limited Edition de él, que es la dorada, y la usó para ese show. Cuando terminó el recital, se me acercó uno de seguridad y me dijo que Slash me quería conocer. Yendo a su camarín me crucé con Myles Kennedy, que también es un genio. Él me nombró tres veces durante el concierto. Nos quedamos hablando, le agradecí y me dijo que cuando recién empezaba su carrera, él esperaba que algún artista grande hiciera lo que él había hecho por mí, así que me pidió que yo algún día haga lo mismo por otro artista. Con Slash hablamos mucho de música y de mi hermano. Hasta el día de hoy no caigo, siento que me tocó con la varita mágica. Es un honor que alguien que admirás reconozca tu arte y el trabajo que llevás haciendo hace años. Es una locura porque es el número uno y me estaba reconociendo a mis 19 años. Eso obviamente hace que sigas adelante y que no te importe lo que diga la gente. Estoy sintiendo lo mismo ahora con otro ícono, Bootsy Collins, que me escribió para que hagamos una canción juntos.

–¿Cómo llegó el bajista de James Brown y de Parliament/Funkadelic a vos?
–Una marca alemana me dio uno de sus famosos bajos con forma de estrella, empecé a subir videos a mis redes con él y llegaron a Bootsy Collins. Me escribió y me dijo que le gustaría que hagamos algo juntos. Empezamos a hablar un montón, con su esposa también. Nos tenemos un cariño enorme. Ella está haciendo una campaña por la salud mental y me invitó a participar. Le propuse hacer un tema de él porque para mí la música es muy importante para la salud mental. Es algo que a mí me ayuda mucho en momentos en los que tengo ansiedad. Me mandó unas maquetas y me dijo: “Quiero hacer un feat con vos. Elegí una. Hacé lo que quieras con ella, si querés destruirla, sé libre”. Saldrá en algún momento de este año o el próximo.
–Mencionaste tus redes. Buena parte de tu audiencia proviene de ahí. ¿Cómo la fuiste construyendo?
–Arranqué en Instagram cuando entré al Teatro Colón subiendo videos donde tocaba música clásica en el piano. Ahí se dispararon los seguidores porque era una nenita chiquita ejecutando piezas complejas. Hay un montón de personas que hoy en día me cuentan que me siguen desde ese momento. En Instagram siempre seguí esa misma línea, mientras que TikTok la uso para cagarme de risa. Durante la pandemia estaba muy aburrida, así que inventé un personaje de vampiro porque ya tenía el ataúd que usé para un videoclip y sumé millones de seguidores. No me veo como una influencer, pero todos los artistas lo somos de alguna manera porque influenciamos mucho. Tengo mensajes de chicas diciendo que se compraron su primer piano o que empezaron a cantar por mí.
