
Fatboy Slim: fiesta junto al mar
Anteayer, el DJ británico hizo bailar durante ocho horas sin respiro a 40 mil jóvenes en una playa del sur de Mar del Plata, a pesar del mal tiempo
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MAR DEL PLATA.- "En nuestra casa, en Brighton, esta fiesta se hizo tan grande que tuvimos que mudarnos."
El DJ más showman del mundo, Fatboy Slim, fue la excusa, mientras que los verdaderos protagonistas de la primera fiesta masiva de la escena electrónica frente al mar en el país fueron los 40 mil jóvenes que bailaron durante ocho horas, los auspiciantes, las celebridades, los medios de comunicación de toda América latina, las diferentes áreas VIP, las empresas de seguridad, los productores locales e internacionales y la policía de la provincia. Un combo de actitudes, propuestas y negocios que, a pesar del mal tiempo, llevaron adelante anteayer este evento gratuito en una playa del sur marplatense.
La breve prehistoria de esta fiesta cuenta que el último año, la estratégica alianza de una empresa de telefonía y Fatboy Slim (Norman Cook, en su pasaporte británico) llegó a orillas del mar en Río de Janeiro, luego de abandonar la ciudad de Brighton (lugar de residencia del DJ y donde se gestó la idea) por motivos de seguridad (la última edición, en 2003, triplicó la cantidad de público esperado y llevó tres días limpiar la playa).
Así las cosas, con la paranoia Cromagnon aún bien presente y mientras en Capital Federal los legisladores interpelaban al jefe de gobierno Aníbal Ibarra, por su responsabilidad en la tragedia de Once, el festival de música electrónica (también contó con la participación de otros cuatro DJ, uno de ellos el local Aldo Haydar) ancló en estas costas con elevadas expectativas. Tantas, que no eran pocos los que pensaban que la convocatoria iba a ser el doble de lo que finalmente fue.
"Una de las razones por las que elegimos la Argentina es por el buen tiempo que tienen aquí."
En los últimos cuatro años, la lluvia ha sido un estigma para la escena electrónica del país y embarró más de un festival del género al aire libre. Y si bien cuando Fatboy Slim elogió el clima argentino en la conferencia de prensa realizada el último viernes, el implacable sol y los 33 grados centígrados anunciaban que la historia podría ser otra, no fue así. Una hora después del inicio, adelantado para las 14, organizadores y empresarios a cargo vieron cómo se desmoronaba su castillo de arena. Una lluvia torrencial, anunciada desde la mañana por un cielo totalmente cerrado, puso en peligro la descomunal inversión (por política empresarial no circularon datos oficiales, pero se estiman cifras millonarias en pesos), el publicitado operativo de seguridad (200 policías de la provincia, 400 efectivos de civil, 17 guardavidas, 70 médicos) y, por supuesto, la diversión de miles de jóvenes que se acercaron especialmente para la fiesta desde toda la costa atlántica e inclusive desde Buenos Aires (los pasajes en avión a Mar del Plata para este fin de semana estaban agotados).
Periodista: –Si fuera un producto, ¿qué producto sería?
Fatboy Slim: –Ehhh... ¿un celular Nokia?
La pregunta disparada en la conferencia de prensa por parte de una colega latinoamericana que llegó hasta La Feliz para cubrir el festival (fueron en total 80 medios internacionales, de Venezuela, Chile, Brasil, Ecuador y Colombia, entre otros) fue tan surrealista que captó a la perfección el espíritu comercial alrededor del autobautizado “evento del verano”. Celulares a diestra y siniestra, tres clases diferentes de espacios VIP (para ingresar en uno de ellos había que lucir una remera con la marca de la empresa), un cortometraje filmado con celulares, el lanzamiento de un nuevo modelo de teléfono con radio incluida y mucha, pero mucha publicidad estática. Algo así como el paraíso del anunciante hecho realidad.
“En América del Sur el público es muy guapo, y también muy ruidoso.”
Una vez que la lluvia se detuvo y mientras se acercaba la hora pautada para el set del DJ más rockero y sinvergüenza de la escena electrónica, los jóvenes fueron copando la arena del balneario marplatense Alamo. Cada uno en su lugar. Porque sí, fue gratuito, pero hubo tres áreas delimitadas desde donde se pudo disfrutar de formas distintas de una jornada con música en la playa. Espacio uno: para celebridades, empresarios, periodistas VIP y amigos de amigos. A un costado del escenario y con una carpa climatizada, los más privilegiados observaron más de lo que bailaron. Espacio dos: frente al escenario, en un corralito para 10 mil personas (que habían retirado previamente una entrada y una remera naranja para poder ubicarse allí), se acomodó el público más clubber, que no detuvo su marcha (ni aun con la lluvia) a lo largo de toda la jornada. Espacio tres: detrás de una valla, a cien metros de la cabina de los DJ, el grueso de los jóvenes (curiosos incluidos) se apostó en la playa, con heladeritas, mates, alguna que otra camioneta y la posibilidad de moverse a su disposición en una de las extensiones de arena más amplias de la ciudad. Cada uno, a su manera, contribuyó al clima “buena onda” reinante, como si todo esto no se tratara de otra cosa que de una versión de hippies del nuevo milenio.
“No existe un mensaje detrás de estas fiestas. No quiero cambiar el mundo, sino celebrar la vida. Sonreír, bailar, amar”.
En su segunda visita al país, el primer DJ “estrella” del planeta ofreció una magistral clase de cómo ser demagogo, utilizar clichés rockeros y entregarse al espíritu festivo como ninguno de sus colegas lo había hecho antes. Es más, para la mayoría de los DJ del mundo, las tres principales ¿virtudes? de Fatboy Slim suelen ser casi un insulto a la profesión. Pero es sabido que Mr. Cook, creador de hits por naturaleza y showman por actitud, es de otra raza.
En su set non-stop de dos horas, las hizo todas: subió al escenario ondeando una bandera argentina (en la conferencia de prensa había lucido una remera de la selección nacional de fútbol); desplegó su artillería bailable más carnavalera (¿habrá pensado que aquí el gusto musical es el mismo que el de Brasil?); disparó su imaginería psicodélica desde las pantallas (de excelente calidad, por cierto) colocadas en tres puntos estratégicos para que todos pudieran hipnotizarse a su antojo; arengó, aplaudió y hasta abandonó las bandejas para acercarse lo más posible al público y demostró cómo mantener sobre sí mismo la mirada constante de la masa, que suele bailar en trance sin importar lo que haga ese hombrecito allá arriba, que pone la música que escuchan todos.
Claro, también rockeó un poco y desató el fervor de un público que fue a bailar ritmos sincopados, pero que siempre tiene en su corazón un lugar para el riff entrador: el demoledor bajo de “Seven Nation Army”, de White Stripes (Fatboy Slim lo utilizó en dos ocasiones y los DJ que lo precedieron, Touché y Layo & Bushwacka!, también lo pasaron en diferentes momentos de su set, confirmando la efectividad para provocar reacción entre la gente de esa simple, pero devastadora línea de bajo); “Born Sleepy”, ese súper hit de Underworld que en la Argentina fue himno futbolero gracias a una publicidad de cerveza; y el tema rockero por excelencia de 2004, “Take Me Out”, de los escoceses Franz Ferdinand.
“Pasar mi propia música es como una especie de incesto”.
Extremadamente puntual, a las 22 (por disposición municipal no se permiten eventos de este tipo luego de ese horario), y con la desfachatez de las personas que no tienen miramientos a la hora de brindar lo que el público quiere, Fatboy Slim cerró la fiesta con uno de sus temas más populares, “Praise You”.
Los números del festival
- 40 mil personas bailaron, a pesar del mal tiempo, en una de las playas del sur de Mar del Plata.
- 200 policías uniformados y 400 de civil estuvieron a cargo de la seguridad del evento.
- 70 médicos, 17 guardavidas, 6 puestos de la Cruz Roja, un hospital de campaña y 5 ambulancias se dispusieron a lo largo y ancho de la playa para la atención de posibles heridos entre los espectadores.
- 12 metros de longitud y 2,5 metros de altura medía el escenario, ubicado sobre un declive natural.
- 8 horas duró el festival, con los DJ Aldo Haydar, Touche, Layo & Bushwacka y Fatboy Slim.
- 4 torres de retransmisión y 3 pantallas de alta definición hicieron posible que todos los presentes escucharan y vieran lo que ocurría sobre el escenario.
Una bengala y un strip-tease de vinilo
En medio del set de Fatboy Slim, ya de noche, un joven encendió la única bengala que se vio en la jornada. Nadie pudo separar en su cabeza la imagen con lo acontecido el 30 de diciembre último en República Cromagnon y una mano anónima hizo presente su repudio lanzándole una botella de plástico.
Por otra parte, el histrionismo de Fatboy Slim tuvo su pico cuando, con ademanes de lo más expresivos, demostró cómo quitarle la funda a un vinilo y pinchar el disco y llamar la atención de 40 mil personas. El DJ mostró la tapa del álbum a cámara, lo mordió y lo apretó con sus dientes, muy suavemente quitó la funda con una mano y con la otra sacó el vinilo. Algo así como el strip-tease del “pinchadiscos”.
Las frases “mis amigos no vinieron por la lluvia” o “no consiguieron pasajes” fueron de las más escuchadas entre el público que sí se animó y pudo llegar hasta el balneario Alamo de Mar del Plata.
Luego de esta presentación, Fatboy Slim continúa con su gira por América latina. Las próximas paradas, en esta semana, serán Perú y Colombia.
El festival fue transmitido en directo a través de Internet, pero se verá la semana próxima en un canal de aire (la empresa organizadora habría comprado un espacio en Canal 13 para el próximo sábado).


