
Jaime Muñoz, el joven boxeador que llegó a La Voz Argentina casi de casualidad y ahora se prepara para dar un gran paso
Después de llegar a la semifinal del reality, el cantante sanjuanino acaba de firmar con Sony Music y trabaja en un disco que reunirá tango, folklore, baladas y hasta canción mexicana, mientras define su identidad como artista
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Jaime Muñoz no tenía pensado presentarse en La Voz Argentina 2025. Había salido de trabajar y pasó por la casa de su madre, a quien hacía tiempo no veía. Ella sí tenía planeado anotarse junto a su otro hijo. Cuando Jaime le preguntó cómo le había ido, la respuesta fue otra: todavía estaba a tiempo de ir. Él tenía que volver a trabajar, hacía unos seis meses que no cantaba y ni siquiera tenía todos los elementos para presentarse. Su madre insistió. En el camino apareció una púa, después una correa y, entre una cosa y otra, Jaime empezó a ensayar. Llegó a la audición con nueve canciones cuando necesitaba diez. La décima terminó siendo “Desencuentro”, el tango de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo que interpretaría frente a las cámaras en la primera etapa de las audiciones a ciegas. La canción que también sería la puerta de entrada al concurso, en el que fue parte del equipo comandado por Lali Espósito, dejó momentos destacados como su interpretación de “Penumbras” de Sandro y llegó a la semifinal. Todo lo demás, para él, parece haber sido una cuestión de que las piezas encajaran. “Todo se acomodó de alguna forma. Dios abre los caminos y pasó esto, yo creo que todo ya estaba planeado”, se sincera, en diálogo con LA NACION.
A poco más de un año de aquella decisión improvisada, acaba de firmar con Sony Music, prepara un disco y pasa sus días entre estudios de grabación y ensayos. Pero la historia de este cantante de San Juan no empezó en la televisión. Mucho antes de que el programa de talentos lo pusiera frente a millones de espectadores, la música ya estaba instalada en su casa. “Entrabas y pateabas guitarras. Te querías sentar y había una en la silla, te querías acostar y había una en la cama, otra en la mesa. Empezar a tocar era algo inevitable, que en algún momento iba a pasar”, recuerda.
Su padre, conocido en la provincia como “el Duende de la Guitarra” y ganador del Pre-Cosquín en 2017, le enseñó los primeros acordes, con la misma lógica de un juego que se iba complejizando de a poco. La formación se volvió más seria a los 16 años, cuando entró a Los Caballeros de la Guitarra, un conjunto de peso en la escena sanjuanina, y grabó con ellos su primer disco: “Era un niño y ya la gente me respetaba, porque en ese conjunto había gente importante. Eso me obligaba a hacer el trabajo bien”. Para Jaime, la música nunca apareció como una decisión repentina. Estaba ahí. En sus padres, en sus tíos, en sus abuelos, en las guitarras de la casa y en los festivales de San Juan. Y cada vez tomaba más protagonismo.
En paralelo, el boxeo siempre fue otra de sus grandes pasiones. Fue subcampeón nacional de los Juegos Evita 2023, así como campeón provincial y regional, y estuvo cerca de convertirse en profesional. Durante años convivieron las dos disciplinas: la guitarra y el ring, los escenarios y los entrenamientos. “Son dos cosas muy distintas. En la música siento que todo es más simple y en el boxeo más sacrificado. Me dio bastante disciplina y constancia”, explica. Esa disciplina, asegura, terminó siendo clave en La Voz Argentina: la costumbre de manejar los nervios antes de una pelea, los cortes de peso y la exigencia física le dieron una calma que lo ayudó a no perder el eje en medio de la exposición.
Incluso llegó a pensar que, si el programa no hubiera aparecido, su futuro podía haber seguido por otro lado. “Quizás me hubiera hecho boxeador profesional. O tal vez no. Tal vez hubiera sacado otra música”, imagina. Pero para él, la sucesión de acontecimientos que lo llevó hasta acá tiene algo de destino.
Su identidad musical estaba definida mucho antes del reality. Viene del folklore cuyano: cueca, gato y tonada, géneros que forman parte de la tradición musical de San Juan, Mendoza y San Luis. Pero también encontró en el tango un territorio propio. Empezó a cantarlo hace unos años, en parte porque veía un espacio vacío entre los músicos de su generación. “Casi nadie canta tango allá en mi provincia. Empecé a explorar y a enamorarme del género”, explica. Y esa diferencia terminó jugando a su favor: un cantante joven interpretando un repertorio asociado a otras generaciones llamaba la atención.
El tango también le enseñó algo sobre su propia voz. No alcanza con querer cantar una canción, hay que saber si esa canción le pertenece. “Tenés que saber qué cantar y qué tangos te pueden llegar a quedar bien con tu color de voz, con tu amplitud vocal”, indica. Es una definición sencilla pero también bastante precisa de lo que parece estar buscando ahora. Encontrar una identidad que no borre sus raíces pero que tampoco quede atrapada en ellas.
En el disco que está preparando conviven justamente esas distintas partes de su historia. Hay tango, vals, zamba, chacarera, chamamé, balada y canción mexicana. También aparecen una cueca y una tonada de su provincia. “La tonada no se baila, se dedica”, detalla.
La Voz Argentina fue un punto de inflexión en su carrera. “Fue un antes y un después porque me cambió la vida. Lo que mejor me llevo es el reconocimiento de la gente. Hace unos días fui a ver a Los Nocheros y se me acercaron unas mujeres que se acordaban de mí. ‘Te vimos en el programa, reviviste a Sandro’, me dijeron. Me llena de orgullo porque si no hubiera sido por eso, la gente no sabría quién soy”, confiesa.
La experiencia dejó también anécdotas y momentos que lo obligaron a adaptarse y terminaron siendo parte del aprendizaje.“Antes de subir al escenario, en cuartos de final, iba a cantar un bolero que se llama ‘Para decir adiós’ y me acuerdo que me pidieron cambiar la canción unas horas antes de subir al escenario. En teoría no tenía que llevar la guitarra y al final gracias a que la llevé pude hacer ‘Recuérdame’ de la película Coco”, rememora, aceptando que son los “gajes del oficio”.
Ahora, la industria musical le plantea un desafío diferente: sostener una carrera en el tiempo. La relación con Sony Music comenzó a gestarse en diciembre. Un productor se comunicó con él, quiso conocerlo personalmente y viajó hasta San Juan para conversar. Después de meses de espera, el acuerdo se concretó y ahora el desafío es transformar la expectativa en canciones.
Jaime sabe que firmar con una discográfica no significa haber llegado a una meta final: “Sé que hay muchas cosas todavía por mejorar, es un camino largo, que hay que trabajar. No son 100 metros, es una maratón”. Un camino largo, pero que no recorre solo. Desde su madre que lo incitó a anotarse al reality show que le cambió la vida, hasta su padre que trabaja en los arreglos de las canciones del disco y su tío que lo acompaña como manager, su familia es un equipo imprescindible.
Los sueños del futuro tienen nombres concretos. Uno es el Gran Rex. Durante una reciente visita al teatro junto a su padre, los dos miraron la sala y apareció una pregunta: “¿Algún día llenaremos uno de estos?”. El otro gran anhelo es Viña del Mar. “Es uno de los escenarios más importantes e imponentes de todo el mundo”, ansía. También piensa más allá de cantar. Le gusta la producción musical y, dentro de unos años, imagina la posibilidad de ayudar a otros artistas que recién empiezan.
“Si me viera a mí en el pasado le diría que todo esfuerzo tiene recompensa y que todo sacrificio tiene su fruto. Metele porque esto es lo tuyo. Vale la pena, porque sé que ahora vienen cosas mejores, que mi hijo va a tener mejor prosperidad y le voy a poder dar muchas más cosas que tal vez no le podría haber dado antes”, dice con franqueza. Aquel Jaime que aquella tarde salió de trabajar y terminó llegando a una audición casi sin haberlo planeado todavía está ahí. Solo que ahora tiene un disco en construcción y una carrera que, por primera vez, parece haber dejado de ser una posibilidad para convertirse en un proyecto.



