
Jamie Cullum, carismático
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Presentación del cantante y pianista Jamie Cullum , con Geoff Gascoyne en contrabajo y bajo eléctrico, Sebastian de Krom en batería, Tom Richards en trompeta y guitarra, y Rory Simmons en saxo tenor, teclados y percusión. En el Luna Park.
Nuestra opinión: muy bueno
No muy conocido, Jamie Cullum demostró algunas cualidades en su debut en Buenos Aires, durante su concierto, anteanoche, en el Luna Park, y dejó en claro algunas cosas: por un lado, que es capaz de lograr casi un lleno y, por el otro, que cuenta con el carisma suficiente como para tener a un grupo importante de jovencitas al borde de un ataque de histeria.
Cullum mostró ser un artista con carisma y que sus 27 años le alcanzan para no perder jamás el control de la situación, tanto arriba como abajo del escenario.
Este músico, nacido en Essex, Inglaterra, mostró también que podría existir una lucha entre su personaje, en el que hace de "niño terrible del jazz", y su vocación por la música, la que lo ubica como un músico talentoso con una voz de registro algo limitado pero que maneja con una fluidez y un sentimiento sorprendentes.
Algo demagógico, el músico llegó incluso a ponerse la camiseta de la selección argentina con su nombre en la espalda y el "sagrado" 10 de Diego Armando. Cullum necesitó también tiempo para explicar lo feliz que lo hacía conocer Buenos Aires, es decir, el sur del planeta, junto con consideraciones diversas sobre mujeres, comidas y un largo etcétera.
Pero lo real es que cuando cantó y tocó el piano demostró ser un músico con swing, de esos artistas que logran llenar el escenario a pesar de la estática banda que lo acompañó. Es que los músicos, si bien sonaron de manera impecable, carecen del menor sentido de la participación. Aislados por ese vendaval que representa Jamie Cullum, esperaron respetuosamente los momentos para acompañarlo y nada más.
Sin embargo, Cullum no estaba solo en su entusiasmo, pues le tocó una audiencia muy interesada en demostrarle su afecto y la relación se hizo cálida e incluso se estrechó aún más cuando el músico bajó del escenario y cantó casi sin acompañamiento una larga canción que fue escuchada con respeto, aunque desde muy cerca, por buena parte del público.
Por ejemplo, en "Get Your Way" hizo en la primera parte un trabajo interesante con la voz. Sin duda, Cullum es un vocalista personal y con una fuerza expresiva muy marcada. Su timbre tiene más de rumor callejero que de conservatorio, mientras que las atmósferas que logra con su fraseo le permiten edificar una propuesta interesante. La segunda parte de este tema la hizo sentado al piano, donde mostró ser un intérprete nada rudimentario; en efecto, su estilo es, si no elegante, al menos delicado, y su fama de rompe pianos, que debe haber sido bien ganada, tendrá en cuenta que los utiliza como un instrumento de percusión, más que para tocarlos.
Sentimiento y compromiso
En "London Skies" se colgó la guitarra con la que mostró ser un cuidadoso intérprete en esta balada laudatoria del cielo londinense. Su voz, tanto en los tempos rápidos como en las canciones lentas, mostró el mismo sentimiento y compromiso vocal.
Luego vendría algo así como una extraña muestra de versatilidad al interpretar una especie de batucada donde, además de cantar, tocó en un tom de pie hasta quedar exhausto.
En otro momento, solo en el piano, hizo una versión impecable de "I ve Got You Under My Skin", pausada y con un uso tan oportuno de los silencios que parecía más propio de un artista maduro que de ese niño con aspecto de Harry Potter desaliñado.
El show terminó con un músico agradecido saludando y con ganas de quedarse para otro bis y un dato muy a su favor: el piano intacto.



