
Los Calzones: de la “banda oficial” de los viajes de egresados a su show en las Malvinas con una histórica banda inglesa
Antes de partir hacia México, Pingüino y Pitulo hacen memoria y balance de una carrera cercana a las cuatro décadas; este sábado 8 de agosto presentan su nuevo álbum en El Teatrito
Si hubiera que buscar una cualidad para definir a la perfección a Los Calzones esa sería, sin dudas, la perseverancia. Y esto es absolutamente así desde el momento en que la banda conformada por Pingüino (voz y teclados), Pitulo (guitarra y coros), Pájaro (bajo y coros), Gargamel (trombón y coros) y Azrael (trompeta y coros) continúa enarbolando las banderas del ska con la misma convicción e idéntico fervor de sus inicios, allá por 1988 en Lomas de Zamora.
La prueba más fehaciente de ese amor incondicional por el tradicional ritmo jamaiquino nacido durante la década del cincuenta, y luego revalorizado en Inglaterra entre fines de los setenta y principios de los ochenta, queda plenamente demostrada en Huella. Este es el nombre del flamante décimo álbum de estudio del grupo que, antes de emprender una nueva gira por México, tendrá su presentación este sábado 8 de agosto en El Teatrito, Sarmiento 1752.
Grabado en los estudios Criteria de Miami bajo la producción artística de Gustavo Borner junto a la propia banda, el disco contiene 13 temas del más poderoso y explosivo ska, entre los que sobresalen “Juntos”, “Combativo” y “Lleva”, este último dedicado a Lionel Messi.
“Después de tantos años como banda, lo que siempre intentamos es innovar en el sonido que tenemos y dejar establecida una nueva marca. De todos modos, no lo buscamos adrede sino más bien es algo que surge de manera casual y espontánea en la sala de ensayo. Es un proceso que se da de una manera tranquila y no tan a las apuradas como cuando éramos más jóvenes. Tal es así que antes grabábamos un álbum cada dos años y ahora lo hacemos cada seis”, explica Pingüino para luego completar: “Probablemente, Huella sea el disco con el que más conforme quedamos porque por fin logramos trasladar la sonoridad, la potencia y la suciedad que la banda tiene en vivo. En los discos anteriores la distancia entre el sonido en vivo y el estudio era sideral; ahora no. Es mucho más power y totalmente analógico”.
Con 38 años sobre sus espaldas, Los Calzones Rotos (tal su denominación original) fueron edificando una trayectoria cuyo puntapié inicial se dio en 1991 a través de Los Calzones Rotos, un debut discográfico con claras influencias de Madness, Bad Manners, The Specials, The Selecter y otras agrupaciones de ska, aunque impregnado de un incipiente sabor propio y local.
Pingüino: -Cuando éramos adolescentes el estilo musical que resurgía, que venía a cambiarlo todo, que era revolucionario y rebelde era el ska. Después se convirtió en una moda, pero antes de eso nosotros ya habíamos absorbido toda esa cultura a través de cassettes clandestinos que pasaban de una mano a otra tras haber sido grabados por alguien que tenía un contacto que había traído discos importados de Inglaterra. En aquellos años era muy difícil acceder a ese tipo de material sino era por el boca a boca.
Pitulo: -De repente, un día nos enteramos que existía una banda llamada Cadillacs 57, luego convertidos en Los Fabulosos Cadillacs, y nos hicimos fanáticos.
Pingüino: -Poco después empezamos a ensayar en el altillo de casa sin otra pretensión que la de divertirnos, pasar el tiempo tomando cerveza y tocando mal (se ríe). Hasta que con el paso del tiempo eso fue cobrando un rumbo más serio, surgieron los primeros conciertos y al ver que teníamos una muy buena convocatoria se dio la posibilidad de grabar nuestro disco debut. Ahí comenzó todo y terminamos compartiendo escena con Los Cadillacs y Los Intocables. Eso fue muy loco porque poco tiempo antes de tocar con ellos estábamos en la puerta de sus shows pidiéndoles autógrafos e incluso haciéndoles reclamos.

-¿Qué tipo de reclamos?
Pitulo: -Cuando los Cadillacs lanzaron El ritmo mundial, su tercer álbum, dejaron de hacer ska para experimentar con otros ritmos. Como a nosotros no nos gustó el cambio y estábamos indignados, una noche lo encaramos a Luciano Jr en la puerta de un show para pedirle explicaciones. Fue una típica reacción de fans adolescentes. ¡Una locura total!
Pasado ya un buen tiempo desde esa risueña anécdota, en 1995 se produjo el lanzamiento de Jungla ska. Aquella tercera producción discográfica, que incluyó hits como “No te calles”, “Y no voy a parar” y “Gente”, no sólo alcanzó una notoria repercusión en Argentina sino que luego le permitió concretar su definitivo despegue internacional hacia distintos puntos de Latinoamérica, destacándose su consagratorio paso por el festival chileno de Viña del Mar, en 1996.
“Al principio no nos dimos cuenta de estar tocando acá en Argentina y de golpe pasar a compartir shows con públicos de otros países. Te dejás llevar por el momento sin analizarlo demasiado. Es parte de una evolución. Con el transcurrir de los años recién te ponés a pensar en aquello y decís: ‘guau, qué loco’. Y algo parecido nos sucede ahora con todo lo que vivimos en México, donde estamos tocando ante 60.000 personas prácticamente una vez por mes. ¡Es increíble y a la vez maravilloso!”, cuenta el vocalista, a lo que el guitarrista agrega: “Algo muy lindo que nos está pasando allí es poder compartir el escenario con bandas que admiramos desde chicos como, por ejemplo, Café Tacuba y que ahora vienen y te saludan como un colega más”.
-¿Cuándo y de qué manera se inicia su estrecha relación con Bariloche que finalmente los terminó convirtiendo en algo así como la banda oficial de los viajes de egresados?
Pingüino: -A principios de los noventa fuimos a Bariloche a hacer promoción como a cualquier otro lugar. De golpe descubrimos que cuando ponían nuestro tema “Porrompompero” todos los boliches explotaban y los pibes enloquecían. Y lo mismo sucedía cuando tocábamos en vivo. Ahí fue cuando una empresa de turismo estudiantil nos contrató y empezamos a tocar todas las noches de sorpresa y a modo de bienvenida para los distintos contingentes de egresados que iban llegando. La movida fue creciendo de tal manera que terminanos instalándonos allí durante varios meses, como una especie de residencia. Fue un proceso largo, muy conmovedor y que nos generó un profundo e incondicional amor por la ciudad.
-¿Y cómo les resultaba la experiencia de tocar todos los días ante un público que no era el suyo y que obviamente no los esperaba?
Pitulo: -Era como dar un salto al vacío diario. Se abría el telón y que sea lo que Dios quiera. De todos modos, siempre la sensación fue positiva y muy fuerte. El cariño y la locura de la gente era total porque no esperaba encontrarse con una banda en vivo. Lo mejor de todo era que año tras año esa sensación crecía y se retroalimentaba. Fue una etapa buenísima pero que al día de hoy forma parte del pasado.
- ¿Vivieron alguna situación inesperada o fuera de lo común en alguno de aquellos shows diarios?
Pingüino: - No, para nada. Pero a modo de conclusión, puedo decir que lo mejor que les pasó a Los Calzones durante su larga estadía en Bariloche fue tocar, tocar y tocar todos los días. Fue como un entrenamiento intensivo que nos dio una confianza y una seguridad que a la vez nos permitió afianzarnos como instrumentistas, fluir en el escenario y lograr un sonido dinámico.
-¿Cuántos años duró en total aquella movida y por qué decidieron ponerle un punto final?
Pingüino: -Fueron alrededor de 30 años ininterrumpidos hasta que llegó la pandemia. Esa pausa nos hizo recapitular un montón de cuestiones, parar la pelota para ver qué queríamos hacer en el futuro y comenzar una nueva etapa mirando al exterior. El punto de inflexión fue nuestra participación en un festival de ska en México, donde nos recibieron súper bien. Ahí entendimos que se iniciaba otra era para nosotros y, sin querer, México terminó convirtiéndose en nuestro nuevo Bariloche.
-¿Cuál fue el detonante que a partir de 1997, y con la edición del álbum Aconcagua, los llevó hacia un mensaje más comprometido, social y de denuncia en sus letras?
Pingüino: -Más que un clic determinado, en realidad fue una nueva forma de expresarnos. Antes decíamos las cosas con humor y puro sarcasmo y después nos fuimos poniendo viejos, comenzamos a ver la realidad de otra manera y eso se fue reflejando en las letras. Pero nuestra esencia no cambió, sólo que expresamos lo que vemos de una manera distinta y con un lenguaje más adulto.
-¿Qué significó para ustedes grabar en 2001 un álbum como Plástico con covers del rock argentino en tiempo de ska y en compañía de grandes invitados como Gustavo Cerati, Andrés Calamaro y Stuka (Los Violadores)?
Pitulo: -Eso fue como tocar el cielo con las manos, lo máximo para nosotros. Compartir el estudio con los artistas que siempre idolatramos y que el propio Gustavo Cerati elogiara mi rack de guitarras no se puede comparar con nada. Todos se pusieron a nuestra disposición con una humildad increíble. Y en “Yo quiero morirme acá” participó Fatty, el cantante de Bad Manners. A él se le ocurrió la idea de que una banda argentina y otra inglesa tenían que tocar juntas en las Islas Malvinas. Y hacia allí fuimos.
-Sin dudas, una experiencia muy movilizante...
Pitulo: - Absolutamente. En principio, íbamos a tocar sólo en un bar muy pequeño pero como se vendieron muchas entradas se agregó un segundo show en un estadio cubierto de básquet con mayor capacidad. Tocamos frente a una audiencia conformada en su mayoría por soldados ingleses que no sólo la tenían muy clara con la cultura ska sino que además vinieron con el típico look de tiradores y camisetas blancas. Aunque la anécdota de ese viaje se dio durante una entrevista en radio: todo se desarrollaba con normalidad hasta que nos preguntaron de dónde veníamos. Cuando dijimos que éramos argentinos, la nota se terminó de golpe y cortaron la transmisión. Pero los shows salieron bárbaros.
- ¿En qué momento los encuentra este 2026 a Los Calzones, considerando que se acercan a los 40 años de una carrera basada siempre en la independencia y la autogestión?
Pingüino: - Estamos en un momento más maduro, más tranquilos, ya con un camino recorrido y un objetivo firme. Nuestra carrera siempre se basó en prueba y error. Y cada error fue un cachetazo tremendo. Por eso, ahora nos enorgullece y estamos muy conformes de haber grabado un trabajo como Huella porque creemos que no es poco dejar plasmados 38 años de trayectoria en un disco. Por otro lado, siempre hay sueños por cumplir. Mientras tengamos cosas nuevas para decir seguiremos grabando discos y viajando.

