Mercedes Simone, una voz inolvidable

Jorge H. Andrés
(0)
26 de abril de 2004  

Muy pocas de las grandes grabaciones de Mercedes Simone han reaparecido en disco compacto, y las que lo hicieron fue en pequeñas tiradas rápidamente agotadas. Tampoco son fáciles de ver las películas en las que tuvo una participación significativa -todas anteriores a 1940- y su importancia como vocalista sólo ha sido establecida con fundamento en libros de Estela dos Santos; por eso no sorprende que el miércoles último también su centenario pasará inadvertido.

Es tal el olvido que hasta ese aniversario pasó como un recuerdo exclusivo para nostálgicos y anticuarios de la música popular, pero se trata nada menos que de la mejor cantante que ha conocido el tango, en su momento la más versátil y arriesgada en materia de repertorio, una voz única, grave, muy bien educada e inconfundible por su musicalidad y la expresión intensa pero sobria.

Lo que tiene poco atractivo es la biografía de Mercedes Simone, con nacimiento en Villa Elisa cuando eso era campo abierto y no parte del Gran La Plata, matrimonio con guitarrero que convierte a un ama de casa en cantante, el triunfo en cafés de la Corrientes angosta, luego teatro, cine -fotografiaba muy bien, actuaba pésimo-; y radio, finalmente sólo radio cada vez que volvía al país, porque sus mejores años los pasó actuando en el exterior.

Ni siquiera las desdichas finales -fracaso de una tanguería propia a la vuelta de las compraventas de la calle Libertad y luego una cirugía de garganta que la dejó casi muda durante veinte años, hasta su muerte, en 1990- alcanzaron para construir el mito que hiciera pensar en ella aunque sólo fuera cada vez que alguna oportunista usurpaba la distinción de "Dama del Tango" que le habían otorgado en México.

* * *

En el orden artístico fue tan genial que creó un estilo original y muy avanzado cuando no parecían quedar opciones novedosas para una mujer que interpretara tangos en la segunda década del siglo pasado, porque mientras que en materia de cantantes masculinos se trataba de Gardel, Corsini y nada más, aquella generación de cancionistas encabezada por Rosita Quiroga y Azucena Maizani fue no sólo más numerosa, sino también más diversificada.

Mercedes Simone evitó la agresividad revisteril de Sofía Bozán o Tita Merello, que no correspondía a su temperamento casi melancólico, descartó la ingenuidad fácil fingida por Libertad Lamarque, el patetismo desgarrador de Maizani y los delirios sensuales de Ada Falcón. Eran rivales respetables, dueñas de los escenarios, ídolos de la radio o estrellas de cine que, luego de la consagración, no se preocuparon por depurar su expresión ni perfeccionar sus recursos como hizo ella, que estudió música y mejoró su canto con un maestro de ópera del teatro Marconi.

* * *

Dentro de la canción latina no existía en esa época un prodigio de enunciación realista tan equilibrado como el de la Simone, y hay que elevarse a Fréhel o Dubas, en Francia, o la negra norteamericana Ethel Waters para encontrar equivalentes. Compuso al menos un clásico -"Cantando", que la identificó siempre- y registró las interpretaciones definitivas de "Muchacho", "Dandy", "La última cita", "Negra María" y todas las grandes milongas de Homero Manzi y Sebastián Piana, que fue su acompañante durante algún tiempo.

Eso dentro del tango, porque también intentó antes que ninguna un vuelco a la canción internacional cantando la guarania "India", "Damisela encantadora", de Lecuona, una versión extraordinaria de "Noche de ronda" y "Domingo sombrío", el vals húngaro prohibido por incitar al suicidio que grabó en 1937, cuatro años antes de que lo hiciera Billie Holiday.

Tan certero fue el cruce a otro repertorio que acabó siendo más reconocida en Brasil, Colombia y Cuba que en la Argentina, donde la trataron con la misma ingratitud que a todo el resto de aquella formidable generación que -sin contar a Libertad Lamarque, hasta hoy la única superestrella originada en el tango- prácticamente dejó de existir para el disco a poco de cumplir cuarenta años.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.