Una viaje hacia ellos mismos
Protagonizan Villegas, la ópera prima de Gonzalo Tobal, y se convirtieron en figuras recurrentes del teatro y el cine
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Dos Esteban. Uno, Lamothe. Otro, Bigliardi. Dos tipos cercanos que transformaron un estilo casi parco de actuación en una herramienta de potente expresividad. A partir de sus papeles en dos obras de teatro de Romina Paula, otra grande, se convirtieron en figuras recurrentes del cine independiente. Lamothe, para poner un ejemplo "casi" actual, es el protagonista de El estudiante, de Santiago Mitre. Y Bigliardi, en el mismo tren de tomar un ejemplo cercano, fue el protagonista de Un mundo misterioso, de Rodrigo Moreno. Desde mañana, el nuevo mojón se llama Villegas, la ópera prima de Gonzalo Tobal.
Se conocieron hace 16 años. Trabajaban en un restaurante. Bigliardi lavaba. Lamothe era mozo (en la obra El tiempo todo entero había una tenue referencia a esos tiempos). Desde el inicio fantasearon con actuar juntos. Se dieron el gusto (y nos dieron el gusto) varias veces. La primera obra se llamó Algo de ruido hace, en la que trabajaba Pilar Gamboa. Ese grupo se llamó Primos. En Villegas hacen de dos primos: el Pipa (Bigliardi) y Esteban (Lamothe).
"Los dos primos fueron amigos, vivían pegados. Después, la vida: uno elige algo; el otro, otra cosa, Se vinieron de General Villegas a Buenos Aires y hay tipo un distanciamiento entre ellos. Cuando les avisan que el abuelo murió, el viaje hasta Villegas es como un viaje hacia ellos mismos. Diría que es como un viaje al amor, a algo que existía", dixit Bigliardi.
Para ellos, los 440 kilómetros que separan a Buenos Aires de ese pueblo pampeano también fue un viaje interior por el interior del país. "Somos amigos, algo de eso se debe filtrar", dixit Lamothe.

–Por ejemplo, ¿qué?
Bigliardi: –Uno intenta llegar a algo profundo para que luego, cuando estás actuando, llegue al que está mirando. Claro que con Esteban me topo con un amigo al que quiero un montón. Y si en otros casos hay que intentar construir ese vínculo para que, luego, la historia se haga creíble, acá eso ya estaba dado.
Como en la historia de esos primos que toman caminos distintos, en esta otra road movie que es la vida de ellos también se producen bifurcaciones circunstanciales. De hecho, en la nueva obra de Romina Paula, Fauna , no estará Lamothe. Se tuvo que bajar porque llegó Luis Ernesto, su hijo de casi 3 meses, y le había pintado trabajo que necesitaba. Ese espectáculo se iba a estrenar en el Tacec, de La Plata, antes de que ese sótano fuera tapado por la crisis económica. "La idea sería trabajar siempre juntos, pero no pudimos...", comenta Bigliardi, en un plano cercano a lo idílico.
Sí pudieron en Villegas. Ahí, Lamothe compone a un tipo pulcro, ordenadito y obediente de lo establecido que se sube al coche con una remera celeste, recién planchada, con logo de cocodrilo (¿proyecto fallido de yuppie?). Su primo tiene algo de rockero frustrado o de una bohemia que no le cierra. Se sube al mismo coche con lo que parece ser la primera remera que encontró al lado de la cama.
Ahora, a las 10.30 de la mañana de un sábado, llegan al bar revirtiendo los roles. Es Bigliardi el que viene con camisa celeste con logo de cocodrilo ("en la última gira por Europa con El tiempo ... me compré ropa cheta"), y Lamothe, con una remera que podría ser de su primo ficcional (tampoco tanto).
Hay otro juego de espejos posible: la forma en que la obra de teatro Algo de ruido hace replica en Villegas. En ambas hay dos primos/ hermanos que tienen un vínculo casi indestructible, se produce la muerte de un familiar cercano que motiva un viaje y aparece una prima. Todo eso en medio de un universo definido por diálogos parcos, paisajes lejanos y un viaje sobre el pasado que vuelve. Los Esteban no repararon en esos puentes posibles. Quizá sí lo haya pensado Gonzalo Tobal, el director de la película, que sí vio aquel montaje.
Hace un tiempo, a Gonzalo se le murió su abuelo. No pudo llegar al entierro porque no estaba en el país. Esa especie de ajenidad ante el rito de la muerte le quedó dando vueltas. Una vez, en camino a Mendoza, pasó tres días en Villegas. Iba con su amigo Nacho Rodríguez, de Onda Vaga, que tiene familia allí. Esos paisajes también quedaron por ahí. Para la película, Nacho compuso un tema. Dice: "No te quedes acá, ya no queda nada" (y ese "nada" suena como rasgado, como dolido).
El interior del interior


Lamothe es de Ameghino. Ameghino está cerca de Villegas (53 kilómetros). Así como los dos primos entablan un viaje a sus infancias, para él la filmación tuvo resonancias en su propia historia. Hace unos meses los dos Esteban volvieron al pueblo donde nació Manuel Puig para presentar Villegas. La noticia salió publicada en el Boletín Oficial. También fueron a Ameghino (teatro Verdi, a pleno). "Eso fue como la antítesis de cuando presentamos la peli en el Bafici", dice Lamothe, el que alguna vez confesó tener dos personajes: el que se come las "eses" y el que no. "En el Bafici nos preguntaron si entre los primos pasaba algo. Y, sí, puede ser; si se la pasan celándose todo el tiempo", acota, y tira un título perfecto para un festival queer: Secreto en Villegas.
Del campo a Berlín. Cuando a Bigliardi le tocó presentar la película en el festival alemán se puso la mejore pilcha, se bajó de un cochazo, alfombra roja, flashes y hablar en inglés. "Una revista lo puso como el mejor vestido de la noche", lo carga su amigo. "Yo no me quedo encerrado en el cuarto del hotel con la bandera bolche. En esas situaciones me tomo un trago y la vivo", apunta el otro. En donde se tomaron tragos de lo lindo fue cuando el film se exhibió en Cannes. Fueron cinco días y una semana en Buenos Aires recuperándose. "Cuando querés tanto a algo, como esta película, ponés la cara. Sabés que la gente que puso guita por ahí tiene la posibilidad de recuperarla, y eso está bueno", dice Bigliardi, nacido en Hurlingham y de padre rugbier.
En estos años, los dos se convirtieron en caras recurrentes del cine indie local. ¿La clave? El trabajo. "Digamos que el talento, la inspiración y todas esas cosas puedan aparecer o no, pero lo fundamental es el ensayo, mucho ensayo", cuenta Lamothe, cuya madre trabaja en la cocina del hospital de su pueblo.
En pleno desayuno, ahora Bigliardi habla de Lamothe. Dice: "Le gusta divertirse mientras actúa, es alguien que te da la posibilidad de actuar y olvidarte de que frente tuyo hay gente. Está todo el día jugando, se la pasa bardeando al otro como en una construcción permanente para salvarse de la vida, del bajón, no sé... Yo lo veo y me cago de risa, o lo veo conmovido y me conmuevo. Pero, no sé si se entiende...".
"Ponele que sí –toma la posta su amigo como si fuera una escena ensayada–, ponele que se entiende. Aunque al final te faltó un «genio»." Y se tientan y si por ahí pintó una emoción se la guardan (son brillantes actores, saben de eso). Lamothe ahora habla de Bigliardi. "Soy el actor que soy porque tiene un nivel tan alto que me lleva a intentar estar a su altura. Y más allá de la amistad somos muy serios, somos responsables."
De golpe, se ponen serios, responsables. Claro que así como entran a esa situación, salen. Algo similar sucede en el viaje de estos dos primos hacia el interior de ellos mismos.
Del cine de autor a Sos mi hombre
Apelando a la síntesis y a las arbitrariedades, en teatro los Esteban trabajaron con directores indiscutibles, como Romina Paula, Alejandro Catalán, Mariano Pensotti y Mauricio Kartun. En cine, junto con gente como Santiago Mitre, Mariano Llinás, Alejo Moguillansky y Rodrigo Moreno. Volverán a estar junto en la película de Victoria Galardi, que se estrenará en pocos meses.
En medio de este panorama, la televisión les llegó hace poco. Bigliardi, Esteban, trabajó el año pasado en 23 pares, de Agustina Carri. Lamothe, el otro Esteban, llegó al gran público gracias a su rol de Jorge Carrizo, en Sos mi hombre (El Trece).
"¿La novela? Bien –dice tostada en mano–. No la veo, de eso ni idea, pero es rebuena onda. Yo tenía miedo de que la tele fuera un lugar más hostil, ¿viste?, pero no. Pensá que en un día hacemos un capítulo que dura una hora y en cine hacemos algo que dura un poco más en seis semanas. Loquísimo. De todas maneras, me dieron mucha libertad. En el medio hice una peli, volví, y ahora me voy a hacer una segunda peli. Antes de empezar ya había avisado al patrón que tenía una película, y aceptó. Joaquín Furriel, soy su ladero, se portó joya conmigo. Le fui encontrando el ritmo. Ahora me divierto y no me quema la cabeza estar diez horas en Don Torcuato."


