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Alfredo Barbieri había recuperado la alegría. El calendario marcaba julio de 1985 y él estaba junto a su compañía en plena gira por San Juan de Puerto Rico con motivo de la Semana Gardeliana. Allá lo adoraban, primero porque se veían todas sus películas de humor y segundo porque era el ahijado del mismísimo Carlos Gardel, debido a que su padre Guillermo Barbieri, había sido la primera guitarra del Zorzal Criollo. En tierra boricua, donde Alfredo se presentaba, sea un estudio de televisión o un teatro, recibía enardecidas ovaciones. Parecía estar reviviendo sus años de gloria, esos que por el 50 y 60 lo habían convertido en uno de los humoristas más importantes del espectáculo argentino.



