
Nació en una familia de artistas y como tal su destino estaba marcado desde la cuna; pero en los primeros años lo suyo era la música, hasta que un imprevisto cambió por completo su rumbo
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Las llamas avanzan sobre las plateas del teatro El Nacional comiéndose todo a su paso. Las butacas, el escenario, el telón, la parrilla de luces, el talento impregnado en sus paredes. Todo desaparece bajo el fuego, mientras los bomberos trabajan desesperadamente para contener el incendio. Y en la vereda, sentado un banquito como único espectador, hay un hombre desconsolado. Es Alfredo Barbieri, que siente que una parte de su corazón de artista, también queda reducido a cenizas.
Por Guillermo Courau

