
Fue acróbata, trapecista, equilibrista, domador y todo aquello que le permitiera estar cerca de esas carpas, que para él eran magia pura y donde incluso encontró a su pareja; Gerardo Roberto Samaniego, “Firulete”, defendió el humor para toda la familia y fue adorado por chicos y grandes
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Quien sabe si puede ser payaso alguien que no sea honesto, genuino, sincero. Seguramente no. Porque los chicos miran y admiran con los ojos del alma, y esos son imposibles de engañar. Qué decir entonces de Firulete, un artista que amó no una, sino dos y hasta tres generaciones. Un hombre cuya sonrisa pintada de rojo ocultaba otra, igual o incluso más grande; curtida por los años, pero siempre real.
Por Guillermo Courau
