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“Voy a extrañar que me haga morir de risa”. Fue lo primero que dijo Pepe Cibrián Campoy al conocerse la noticia del fallecimiento de su madre, el 8 de julio de 2006. Nadie esperaba todavía despedir a una actriz que seguía empeñada en cumplir con la misma vocación que la acompañó durante toda su vida. Mantuvo sus clases de teatro mientras tuvo fuerzas, casi hasta el último día. Para Ana María Campoy, subir al escenario era un acto de magia. Decía que un actor es como un ilusionista, cuya primera tarea es tratar por todos los medios de que el público jamás descubra el secreto de sus trucos.



