
Porteño de ley, aunque muchos crean que nació en Uruguay, el país que lo cobijó un tiempo y le dio un nombre en el mundo del espectáculo, quedó marcado para siempre por acompañar a Olmedo; sus años con María Rosa Fugazot y la depresión tras la muerte de su gran amigo
Hay caras que nos resultan familiares, voces que escuchamos desde chicos, sonrisas que nos acompañaron durante toda la vida y que también nos hicieron sonreír. Estuvieron ahí: en el cine, en el teatro, en la televisión; y sin embargo, poco y nada sabemos de ellos. Eclipsados por la indómita luz de un astro o estrella fulgurante, sus vidas e historias quedaron en un segundo plano. Aunque también brillaron, y mucho, su estela no alcanzó para iluminar la habitación; aun cuando, sin su presencia, esa habitación no habría sido la misma.

