
A pesar de sus excesos, el protagonista de Busco mi destino tuvo una larga carrera en Hollywood y, con los años, se convirtió en un importante coleccionista de arte
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En mayo de 1983, los estudiantes de la carrera de cine de la universidad de Houston esperaban ansiosos la visita de un figura fundamental del cine de Hollywood, un personaje que atravesó el final de la era de los estudios, se transformó en ícono contracultural de los sesenta, en una parte esencial del nuevo cine norteamericano en la década del setenta y un realizador con una obra tan personal como inspiradora. De los múltiples aspectos que contenía Dennis Hopper, el invitado en cuestión, el cuerpo estudiantil se tuvo que conformar con su lado más autodestructivo.
Por Natalia Trzenko

