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Diego Peretti: del miedo a perder lo construido a su infancia y el reencuentro con Ricardo Darín

A punto de estrenar el film La casa, el 8 de octubre, el actor habló con LA NACION sobre sus recuerdos, el estado de la película de Los simuladores y sus próximos proyectos

En La casa, Diego Peretti interpreta a un hombre que, sin trabajo, está a punto de perder su hogar
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Diego Peretti tiene dos casas que siente propias: el departamento de Constitución donde creció y una vivienda de madera en La Pedrera, cerca del mar. De su infancia en Buenos Aires guarda, además, una cercanía inesperada con el mundo del espectáculo: vivía junto a Canal 13 y se cruzaba con Alberto Olmedo y Carlitos Balá, mucho antes de imaginar que sería actor.

Ahora, una tercera “casa” lo lleva también a un mundo que le es demasiado propio, el del cine. En La casa, escrita y dirigida por Gustavo “Chus” Triviño, interpreta a Hugo Vaca, un hombre que pierde su trabajo y acepta un acuerdo inquietante para conservar su vivienda. A propósito del estreno, que será el jueves 8 de octubre, Peretti conversa con LA NACION sobre los lugares que marcaron su vida, lo que teme perder y el caos que lo inspira como actor, aunque fuera del set prefiera la calma.

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Diego Peretti: "No soy un materialista empedernido, pero me da miedo perderlo si no lo recupero resignificándome en otra cosa"
Diego Peretti: "No soy un materialista empedernido, pero me da miedo perderlo si no lo recupero resignificándome en otra cosa"Soledad Aznarez

—Estás con muchas ganas de acompañar este estreno. ¿Qué tiene de especial?

—Una película que se estrene en el cine es como un acontecimiento ya muy singular. Lo que antes era común, ahora no lo es. Así que tengo muchas ganas de promocionarla para que se exhiba y la vea mucha gente.

—¿Qué otras cosas de la profesión que antes eran comunes ya no lo son?

—Trabajé en televisión en Poliladron, Los simuladores, Campeones, Locas de amor, Culpables. Prender el televisor y que los canales abiertos dieran a determinada hora un programa en el que vos estabas, esa inmediatez: lo habías grabado tres o cuatro semanas antes. Esta película la grabé hace un año y medio. También la competencia con el rating. En aquellas ocasiones, hacer una serie de cuatro o cinco capítulos era impensado; ahora es normal. Ha cambiado mucho todo el sistema audiovisual. En la interpretación, en pararse frente a una cámara para una escena, las técnicas siguen siendo similares.

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—¿Cómo ves el lugar del cine frente a las plataformas?

—Me parece que las plataformas subieron el nivel técnico, fundamentalmente. Pero el cine, a partir de la pandemia, está como muerto.

—¿Moribundo?

—Moribundo. En los setenta y los ochenta, Lavalle estaba llena de cines. En las entradas y las salidas no se podía caminar. Había una promoción y una expectativa por ver las películas, porque después llegaban a la televisión a los cuatro, cinco o seis años, no a los dos meses. Entonces, las tenías que ver en el cine. Los cines eran enormes, con pantallas gigantescas. Era otra forma, ni mejor ni peor.

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—¿De verdad, ni mejor ni peor?

—Desde una perspectiva sociocultural. Individualmente, prefiero la expectativa, la ilusión, la imaginación. Prefiero ir a ver una película en el cine, con una pantalla enorme.

—En La casa, tu personaje está a punto de perder su lugar en la sociedad. ¿Qué te atrajo de él?

—Perder su lugar en la sociedad productiva. Contar una historia es contar a alguien atravesado por un conflicto. Este personaje está arrastrado a perder su vigencia en la sociedad y, encima, no tiene el sustento para conservar un bien material tan amado por los recuerdos y por el esfuerzo que le costó, como es su casa. Eso hace que en cada escena uno tenga material para trabajar. En esta película hay adrenalina, nervios. El personaje siempre tiene que tomar decisiones bajo un manto de mucha urgencia.

—¿Te tocó tomar decisiones desde esa urgencia?

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—Tuve una vida, hasta ahora, con trabajo. No estuve urgido para llevar el pan a mi casa ni para tomar determinado trabajo. En general, tuve tiempo de reflexión. Pero me imagino que la urgencia genera decisiones que tienen un gran porcentaje de ser erradas.

—La identidad de este hombre está muy ligada a su trabajo. ¿Te sentís representado en eso?

—No me siento tomado por la vida laboral, aunque es muy importante porque me gusta mucho. Tengo una vida alrededor de lo laboral a la que también le doy mucha importancia y trato de armonizar las dos. Me sirve más la armonía en la vida cotidiana y real que en la vida actoral. En la actuación, a veces te sirve el caos para crear, liberarte, no ser tan previsible. En la vida real me gusta la paz interior, los momentos en los que puedo reflexionar y estar tranquilo.

—¿Qué te da miedo perder de lo que construiste?

—No soy un materialista empedernido, pero me da miedo perderlo si no lo recupero resignificándome en otra cosa. Más allá de lo material, lo que más miedo me da es perder la salud. Perder la adrenalina de levantarme todos los días, ver el sol y que cada día sea una aventura nueva. No perder el tiempo en boludeces.

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Diego Peretti: "Me gusta la paz interior, los momentos en los que puedo reflexionar y estar tranquilo"
Diego Peretti: "Me gusta la paz interior, los momentos en los que puedo reflexionar y estar tranquilo"Soledad Aznarez

—¿Te pasa quedarte atrapado en pensamientos que no llevan a ningún lado?

—A veces me ocurre. Con ruidos de algunos vínculos afectivos o laborales. En general, soy una persona correcta y honesta y, cuando me encuentro con personas deshonestas, en vez de dar vuelta la página me quedo tratando de resolver algo que es irresoluble. Quiero vivir de manera armoniosa y tranquila. Vale muchísimo eso.

—¿Qué tiene que tener una casa para que la sientas tuya?

—Tiempo de vivencia ahí. La casa de Constitución, donde todavía está mi hermano, es muy emblemática de mi vida. También tengo una casa en La Pedrera, Uruguay, desde hace unos quince o veinte años. Voy mucho y es un lugar de descanso, de reposo. Esos dos lugares son los que reconozco como mi casa.

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—¿Qué recordás de tu infancia en Constitución?

—Mi familia. Vivía en San Juan y Lima, al lado de Canal 13. Me la pasaba jugando al fútbol con pelota de media en una vereda muy amplia. Era muy barrial. Veía cómo salían las grandes estrellas del programa de Mancera: Sandro, Palito Ortega, Raphael. Aparecían multitudes ovacionando a esos artistas.

—Y alguna vez terminaste vos adentro del canal.

—Sí. Estaba jugando al fútbol, un mocoso, y salió un productor: “¿Te querés venir al programa de Piluso [el personaje que encarnaba Alberto Olmedo]?”. Yo, encantado. Olmedo me dijo al oído: “Ahora vamos a decir que vos enviaste una carta, que la sacamos y que saliste premiado. No digas nada”. El premio era subirse a un dragón eléctrico que sacaba humo. Otro día me llevaron a entrevistar al Caballero Rojo, de Titanes en el ring. Y Carlitos Balá lo primero que me dijo fue: “Pregúntame lo que quieras, menos la edad”.

—¿Todavía no se te había ocurrido ser actor?

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—¡No! Pero vivía al lado del canal y pasaban cosas todas las semanas. Casi era algo que nos interrumpía el deporte. Un día estábamos en la vereda simulando un estudio de televisión: con un caballete que hacía de micrófono y con cajones hacíamos las cámaras. Un productor lo vio y dijo: “Esto es una nota”. Salieron los de Telenoche y nos hicieron una nota. Me preguntaban cuánto hacía que estaba en la profesión de sonidista y yo actuaba que estaba hacía muchos años.

—¿Pensaste en el destino cuando volviste al canal para trabajar?

—Cuando empecé con Zona de riesgo, ya no vivía ahí. Entré a Canal 13 y vi mi edificio, mi balcón. No sé si destino o lo que sea, pero me pareció muy significativo.

—También hablás de la Argentina como tu casa. ¿Qué extrañás cuando viajás?

—Estoy agradecido del trabajo, de este país, por más que sea un despelote. Tiene cualidades culturales, sociales y geográficas que extraño mucho. Hay una idiosincrasia cercana a la solidaridad, a los amigos, a la familia, a tomar un café, a la reflexión. Eso no se perdió. No estoy resentido. A la Argentina la amo. Soy porteño y cada rincón de Buenos Aires que transito tiene un recuerdo, una reunión, una sonrisa, un beso, un baile, una película, la imagen de un ser querido. Eso es tu casa.

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—Vos también entraste en las casas de muchos argentinos. ¿Te siguen llamando por tus personajes?

—Sí, mucho. Por Los simuladores, Ravenna o Máximo Cozzetti. También por Poliladron. Y Mamá se fue de viaje: hay gente de veinte o veinticinco años que la vio cuando tenía diez y la tiene como una película vista en familia. Con No sos vos, soy yo, muchos que se separaron me decían que los había ayudado. Esa película fue más terapéutica que cualquiera de las que hice.

—¿Hay novedades de la película de Los simuladores?

—No hay que ilusionar más a la gente. Yo creo que no se hace. Ya estoy casi seguro.

—Nos vamos a quedar con las ganas.

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—Hay que quedarse con los programas, que son hermosos.

—También se viene Lo dejamos acá, con Ricardo Darín. ¿Cómo fue volver a trabajar con él?

—Una experiencia muy linda. Ricardo es un actor extraordinario. Se habla más de él por los éxitos que hace que por su calidad actoral propia, y es un actor de excelencia. Tiene una verdad audiovisual impecable: le creés cada línea.

—¿Le diste algún consejo para interpretar al psicoanalista?

—Alguna vez le hablé de algo que creía que podía servirle. Hay una parte en la película en la que da una conferencia como psicoanalista y alguna cosita le dije, no técnicamente sino de narración. Pero nos ayudamos mutuamente, mucho.

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—¿Se divirtieron en el rodaje?

—Mucho. Él es profesional, no es tan risueño como en las entrevistas. Ya hice dos películas con él, La señal y esta, y tiene mucha disciplina, está muy enfocado y concentrado. Tiene una simpatía única, pero en el set lo que prima es la concentración y el profesionalismo.

—¿Vos también sos de esa escuela?

—Yo también. En general, empiezo así y, cuando faltan dos o tres días para terminar, se me afloja la jaula y empiezo a hacer chistes a lo pavote. Me ocurre eso en general.