
Desmesurado, desprejuiciado y eterno “hacedor”, le abrió las puertas de su Botica a artistas de radio y televisión, leyendas del tango y artistas emergentes
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Dicen que los artistas trascienden su tiempo, por sus obras, por su personalidad o por el legado cultural que dejan y que resurge cada vez que se los recuerda. Eduardo Bergara Leumann fue uno de esos artistas, o más bien un “armonizador de arte”, como lo bautizó Edmundo Guibourg.
Por Guillermo Courau

