
James Franco y Anne Hathaway fueron los conductores de la desastrosa gala de 2011
La larga historia de los premios Oscar que acaban de celebrar su 96a. edición está repleta de grandes momentos, de traspiés cómicos y no tanto y de anfitriones que intentaron con todas sus fuerzas y talento salir airosos de una tarea destinada al fracaso desde el vamos. Es que las dos certezas que la ceremonia de entrega en Hollywood mantiene a través de los años son que al poco tiempo de la ceremonia nadie se acordará qué película resultó ganadora y que todo intento de sacudir la tradición en cuanto a la conducción de la fiesta termina en desastre. Y uno de los más recordados de los últimos tiempos fue el que protagonizaron Anne Hathaway y James Franco en la gala de entrega de los Oscar de 2011, un festejo que debería haber quedado en la memoria por el desacierto de los votantes de la Academia en elegir a la mediocre El discurso del rey como mejor película frente a la brillante Red Social de David Fincher, pero que pasó a la historia por la total y absoluta falta de química de los conductores elegidos para el trabajo por todas las razones equivocadas.

