
Tato Bores fue un protagonista ejemplar del espectáculo argentino en múltiples facetas, pero cuesta separarlo de la eterna imagen que forjó desde sus monólogos políticos en TV con las marcas que lo distinguieron: el frac, el habano, la peluca y los anteojos sin vidrios
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Suele decirse con bastante razón que los grandes directores de cine hacen siempre la misma película. En todo caso, para hilar un poquito más fino y acercarnos a la realidad, hablamos de pequeñas o sutiles variaciones de un mismo tema, que en algunos casos puede llegar a transformarse en obsesión.
